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El trabajo es el lugar más proclive a que surjan vínculos amorosos entre personas. Teniendo en cuenta que solemos pasar más tiempo con nuestros compañeros de trabajo que con nuestros familiares y amigos, es un tanto lógico que la atracción entre dos colaboradores se pueda dar.

Cuando una persona de la oficina nos agrada más de lo normal, resulta difícil evadirla; pasamos gran parte del día en el mismo lugar, nos cruzamos permanentemente, almorzamos juntos, a la tarde compartimos un café, mantenemos alguna que otra conversación “de pasillo” y, por supuesto, trabajamos en conjunto con metas profesionales en común. Es decir, se fomenta el vínculo de una manera casi imposible.

Hasta aquí no se vislumbra ningún problema. Sin embargo, las empresas no están preparadas para lidiar con las cuestiones del amor, por lo que las relaciones de pareja dentro de la oficina pueden llegar a ser consideradas una complicación. Inclusive, hay organizaciones que tienen políticas concretas respecto a la posibilidad de que dos empleados sostengan una relación de pareja.

Especialistas empresariales aseguran que los romances en el trabajo promueven la productividad laboral, pues las personas involucradas se sienten felices y con más energía, además de que promueven un mejor clima empresarial.

En tal supuesto, recomiendan que la relación sea de manera discreta, ya que en muchos casos, especialmente si los involucrados no pertenecen al mismo nivel en la empresa, comienzan las malas interpretaciones y los descontentos de otros empleados: el que tiene un puesto mejor pierde seriedad y el otro no puede ser reconocido por su esfuerzo, por lo que es necesario reflexionar si vale la pena arriesgarse.

La parte más difícil del romance de oficina es mantener el profesionalismo cuando la relación concluye. Puede resultar difícil tener que enfrentar al “ex” en la oficina todos los días, por lo que se deben evitar las escenas y buscar mantener el control y madurez para evitar comentarios con compañeros de trabajo.

Como todas las relaciones, el romance de oficina puede ir bien, mal o regular, por lo que si consideramos que esta relación puede costarnos el trabajo, es preferible descartarla.