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Dejemos descansar un momento el tema de los solteros… O pensándolo bien, no lo dejemos, pero busquemos otra rama, porque el tema es muy variado y hay mucha tela de donde cortar.

chavoruco

Hoy por la mañana, le marqué a una amiga que acaba de llegar a su medio siglo de vida. Tengo que admitir que mi amiga, a pesar de la edad, está muy bien conservada, porque ni parece que tiene esa edad. Esa es la gran ventaja de tener una buena herencia y de haberle invertido mucho en un estilo de vida saludable y, por qué no decirlo, también en cirugías. Pero ese no es el tema que nos incumbe.

El que alguien llegue a cierta edad y físicamente no la aparente, es un gran paso, pero también hay una parte que mucha gente omite conforme va creciendo, y es la actitud. No sé por qué extraña razón, conforme uno va creciendo y va adquiriendo responsabilidades, se va olvidando del chiste de la vida y toma actitudes que rayan en lo amargo. Pero también está el lado opuesto de la moneda, aquellos que se niegan a crecer y madurar y prefieren ir por la vida como si nada tuviera importancia. En realidad, existe una delgada línea que separa lo que podría ser una actitud juvenil con lo que hace apenas unos años en México denominamos el “chavo-ruco”

Sobre estos últimos, es donde voy a centrar mi atención. Angelo Papeto Bonavena, el azote de todas las nenas, aunque de cariño le dicen el Masiosare, es un cuate que un buen día llegó a la pantalla y no es más que la personificación de ese adulto que no quiere dejar de ser chavo cool. En psicología, lo llamarían Síndrome de Peter Pan.

El chavo-ruco es aquel especimen que anda rondando los 30 años o ya se encuentra en edad madura, pero que aún así quiere seguir vistiendo tal cual adolescente. Los hombres con playeras desfajadas y tenis Converse y las mujeres en minifaldas que apenas y dejan algo a la imaginación y no las lucen precisamente para una noche de intimidad.

Suelen presentar una marcada inmadurez emocional matizada por una fuerte inseguridad y un gran temor a no ser queridos y aceptados. Usualmente parecen ser seguros de sí mismos e incluso arrogantes; se esconden detrás de excusas o mentiras para disimular su incapacidad para crecer; suelen hablar de fantásticos proyectos, negocios increíbles, grandes aventuras amorosas; fantasías todas, que les permiten eludir sus responsabilidades y poder culpabilizar a los otros de las cosas negativas que les ocurren.

Honestamente, tengo amigas y amigos que son así. Se niegan a aceptar que ya han crecido y que hagan lo que hagan, el paso del tiempo, es inevitable. A veces, me parece hasta ridículo que una persona que ya es “adulto contemporáneo” siga yendo a un antro en donde la edad promedio de la gente está entre los 18 y 25 años. No me puedo imaginar yo, a mis 36 años, gritándole al gorila de la cadena: “Oye, Mike (porque así se llaman casi todos los cadeneros, ¿no?)  Somos dos parejas y 3 mujeres solas”. No lo niego, sí me gusta salir, pero ya soy un poco más selectiva a los lugares que voy. Obvio, también sé que mi poder adquisitivo no es el mismo que tenía hace 10 años y por eso, me puedo dar el lujo de cambiar de escenografía a lugares mucho más íntimos.

Sobre el aspecto físico, yo tampoco digo que nos abandonemos y agarremos una onda fodonga. Simplemente, el dicho dice “de la moda, lo que te acomoda”, así que hay que buscar un vestuario que nos favorezca, no sólo por el cuerpo que tengamos; también para la edad que tenemos. Ni hay que comprar un hábito de monja, pero tampoco un escote que hasta haga sentir incómoda a la gente que está a nuestro alrededor.

En cuanto al compromiso, literalmente ¿qué es eso? Obvio, es una palabra que no existe en su vocabulario. El riesgo que aquí se corre, es que sólo tienen relaciones superficiales, sin permanecer durante mucho tiempo en una relación estable. Otra faceta de riesgo, es la vida sexual, porque es el instante tranquilizador, en el que el hombre-niño (o la mujer-niña) se deja llevar. Las consecuencias de esto, serían una vida sexual desproporcionada, incluso incontrolable, sólo por sentirse todo el tiempo querid@s y desead@s.

Sin lugar a dudas, todos tenemos un pequeño Peter Pan dentro y pretender erradicarlo totalmente, sería algo bastante demencial; pero éste lado infantil no puede impedirnos crecer, asumir la responsabilidad por nuestras decisiones y continuar el camino hacia la adultez.

Dos ejemplos de chavo-rucos famosos:

Adal Ramones: Este señor de más de 50 años que sigue con sus gorritas y jeans, no lo tomarías en serio ¿o sí?

Lorena Herrera: Otra que anda ya en las 5 décadas y que aún así, sigue vistiéndose diario como si fuera a ir al Baby O en Acapulco.

¿Ustedes qué opinan?

Ana E. Martínez-Gracida Núñez

Twitter: @Moroccotopo77