Enclavado en la parte sur del Distrito Federal, Coyoacán tiene una larga historia que va desde los tiempos prehispánicos, y que cobraría mayor importancia poco después de la Conquista española.

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Considerado por la UNESCO como una Zona de Monumentos Históricos gracias a la cantidad de edificaciones que guardan la herencia colonial, Coyoacán se ha convertido en un referente para los turistas que visitan la capital del país por su riqueza histórica y cultural, además de su relevante oferta de servicios.

Durante el siglo XVI, llegó de España una familia acaudalada de apellido Panzacola. Se asentaron muy cerca del cauce del Río Magdalena, que era la zona que separaba la Villa de Coyoacán de San Ángel. Para poder unir las dos partes, se construyó un puente que a la fecha existe con el nombre de Puente del Altillo.

Poco tiempo después, la familia Panzacola pidió a San Antonio de Padua un milagro y, al realizarse, pagaron la manda construyendo un templo que se encuentra en la esquina que conforman hoy Francisco Sosa y Av. Universidad. La Iglesia San Antonio Panzacola, cuya construcción terminó en el siglo XVII, junto con el puente, fueron declarados monumentos nacionales en 1932 y quedaron inmortalizados en la obra “Iglesia y puente de Panzacola” de José María Velasco.

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Durante la revuelta revolucionaria, se llevó a cabo una lucha entre las huestes de Venustiano Carranza y Francisco Villa arriba del puente.

Poco tiempo después, empezó la construcción de calles como la mencionada Francisco Sosa, por donde pasó mucho tiempo el tranvía, y más hacia el siglo XX, avenidas como Universidad y Miguel Ángel de Quevedo. Así quedó trazada la calle Panzacola que conecta hacia los emblemáticos puente y templo que han sobrevivido al desgaste del tiempo.