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En Burdeos, Francia, existe un parque temático muy original: la Ciudad del Vino, un espacio “único, moderno y lúdico”, alojado en un edificio vanguardista, en el que los visitantes pueden degustar y comprar decenas de marcas del mundo.

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Además de un recorrido sobre los seis mil años de historia y los vínculos de esta bebida con el arte, la economía, la religión o la gastronomía, la “Cité du Vin” (Ciudad del Vino), que fue inaugurada a mediados del año pasado, ofrece en degustación más de 20 vinos de todo el mundo.

En la Ciudad del Vino no solo se exhiben los conocidos vinos de la región de Burdeos, también se pueden encontrar mostos australianos, sudafricanos, argentinos y mexicanos e incluso chinos, algunos de los cuales pueden adquirirse en su “boutique” que cuenta con más de 10 mil botellas de 70 países.

En varias plantas del edificio y en 19 espacios temáticos, la “cité” presenta a numerosos bodegueros de todo el planeta que interactúan con los visitantes a través de un sistema de exhibición táctil y audiovisual que privilegia el placer de los sentidos.

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En sus más de 13 mil metros cuadrados repartidos en diez plantas, la “metrópolis” de vino busca enseñar y educar a los visitantes el mundo de esta bebida, despertándoles una experiencia sensorial basada además de en la vista con tabletas, proyecciones y pantallas 3D en los olores y el sabor del vino.

Para ello cuenta con un espacio “multisensorial”, organiza talleres de degustación de vinos y en su última planta denominada “El Belvedere” ofrece la degustación de vinos del mundo a sus visitantes, uno de ellos incluido en el precio de la entrada que ronda los 20 dólares.

La visita termina en el octavo piso, donde se puede ver una bella vista de Burdeos y tomar un vaso de vino, el cual puede ser escogido entre 20 vinos distintos de todo el mundo.

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La tienda del enclave es uno de los lugares más espectaculares de la “Ciudad”. Se trata de una enorme bodega que guarda más de 10 mil botellas, alta y en forma de cúpula, en la que los vinos del mundo portan la bandera del país de origen.

La Ciudad del Vino cuenta además con un restaurante en el que expertos ofrecen un maridaje de vinos y selectos platillos para los visitantes.

Un auditorio, una completa librería sobre vinos, un laboratorio para enólogos y para organizar talleres y una parte para exposiciones temporales completan las instalaciones del edificio con una torre de 55 metros, cuya construcción duró tres años y que se ubica al lado del río Garona y de antiguas casas de vinos.

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El edificio, al que se compara con el Museo Guggenheim de Bilbao (España), se ubica en Burdeos, considerada la capital mundial del vino y que cada dos años acoge la mayor feria de vinos y licores del mundo, Vinexpo, y fue inaugurado a mediados del año pasado por el presidente francés Francois Hollande.

Burdeos es la capital de la región más emblemática de vinos de Francia y la que cuenta con algunos de sus viñedos más reputados de los que salen las botellas más cotizadas, como las de la firma Petrus, cuyo primer precio en el mercado de Francia supera los mil dólares.

En sus primeros siete meses la Ciudad del Vino, cuya construcción tuvo un costo de 85 millones de dólares, recibió 270 mil visitantes de 145 países de todo el mundo, a cuya mayoría dejó con un “buen sabor de boca” en su visita y en su paladar.