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La discalculia es la dificultad para aprender matemáticas, que puede originarse en un problema de la visión o en un trastorno para orientarse dentro de una secuencia.

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El aprendizaje de las matemáticas es de por sí complejo, como el lenguaje hablado y escrito, ya que implica un alto grado de abstracción. Sin embargo, existen personas a las que les resulta en exceso difícil entender las matemáticas, aunque en otras materias tengan un rendimiento normal o incluso sobresaliente. Esto puede deberse a la discalculia.

Podría decirse que la discalculia equivale a la dislexia, solo que en lugar de tratarse de los problemas que enfrenta un niño para expresarse correctamente con el lenguaje, se trata de la dificultad para comprender y realizar cálculos matemáticos.

Las personas que sufren de discalculia confunden números y signos, no logran desarrollar cálculos mentales y tienen problemas para trabajar con abstracciones. Este trastorno afecta a personas que tienen una inteligencia corriente o hasta más elevada que la media.

El problema generalmente surge en la infancia, más concretamente alrededor de los 8 años y se identifica por tres síntomas principales: una discapacidad en el cálculo, diversos déficits de tipo sensorial y un mínimo rendimiento académico.

Es importante diferenciar la discalculia de la acalculia, que es la discapacidad para realizar cálculos derivada de un trauma en el cerebro durante la adultez, y no como consecuencia de un déficit cognitivo.

El tratamiento de la discalculia debe de ser personalizado y específico. Lo recomendable es hacer un programa único para cada persona, basado en la evaluación neuropsicológica que permita conocer sus necesidades concretas.

La intervención se basa en un programa de reeducación cognitiva, con el objetivo de estimular o crear un nuevo sustrato neural responsable de los conceptos numéricos y del sentido de número.