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Ignacio Manuel Altamirano Basilio, escritor mexicano al que se considera padre de la literatura nacional y maestro de la segunda generación romántica, nació en Tixtla, Guerrero (México) el año 1834.

ignacio manuel altamirano zarco

De origen humilde, creció en el seno de una familia indígena y fue hasta la edad de 14 años que comenzó a aprender el castellano. Al ser su padre electo alcalde de su pueblo, logró ingresar a la escuela elemental y con el tiempo obtuvo una beca en el Instituto Literario de Toluca, que premiaba en los municipios a los niños pobres distinguidos por su aprovechamiento y capacidad de estudio.

En el Instituto fue discípulo de Ignacio Ramírez y pudo tener acceso a la rica biblioteca del mismo, cuyo contenido incluía obras de los enciclopedistas y los autores liberales.

Participó en las luchas sociales de esa época siempre a favor de la causa liberal, combatió contra la intervención francesa y el Imperio de Maximiliano, teniendo destacada actuación en el sitio y toma de Querétaro. Posteriormente promovió sociedades y publicaciones culturales, entre ellas: El Correo de México y El Renacimiento. Ejerció la crítica literaria y escribió libros y artículos sobre los más variados temas, los cuales le valieron ser considerado como el escritor mexicano más importante de su tiempo ya que a partir del conocimiento y empleo de las ideas universales, creó e impulsó una literatura en la que se presentaban y estimaban con justicia los contenidos nacionales.

Sus obras principales fueron: Clemencia (1869), La navidad en las montañas (1870), Julia (1880), Las tres flores (1880), Paisajes y leyendas, tradiciones y costumbres de México (1884) y El Zarco (1888). Fue comisionado por Joaquín Baranda, secretario de Justicia e Instrucción Pública, para elaborar el proyecto para organizar la Escuela Normal de México, la cual fue inaugurada en febrero de 1887, institución en la que el maestro Altamirano impartió las cátedras de lectura superior y de historia. Sus enseñanzas con elevados contenidos pedagógicos y nacionalistas, trascendieron en el trabajo docente que desarrollaron quienes fueron sus alumnos.

En 1889 aceptó el cargo de Cónsul General en Barcelona y más tarde en París. Sintiéndose enfermo viajó a Italia en donde falleció el 13 de febrero de 1893.

En 1934, al celebrarse el centenario de su nacimiento, el Congreso de la Unión acordó que sus cenizas fueran trasladadas del Panteón Francés a la Rotonda de los Hombres Ilustres de la Ciudad de México, donde reposan actualmente.