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Después de una vida activa, por fin llegó el momento esperado: la hora de disfrutar los resultados de años de esfuerzo. La vida laboral concluyó y ahora es momento de descansar y hacer cosas que por el tiempo dedicado al trabajo, no se pudieron realizar.

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Pero el hecho de habituarse a un nuevo estilo de vida donde no existen horarios, responsabilidades ni ocupaciones, pone a más de una persona con el estado anímico por el suelo.

Es normal que después de haber tenido una rutina de lunes a viernes y de un momento a otro, se deja de tener, pasen por la cabeza algunas ideas como de que se es improductivo, que ya no se tienen las mismas fuerzas que antes, o peor aún, que se es un inútil.

Cada individuo asume de manera particular su retiro laboral; hay quienes tienen claro que esta etapa es una de las mejores de su vida para disfrutar sin presiones de todo aquello que no pudieron hacer por cuestiones de trabajo; pero también hay quienes se deprimen.

Cuando la persona cae en un estado de depresión continua o permanente por su retiro laboral, la familia juega un papel importante. Si la persona está sana y además tiene deseos de realizar actividades, será mucho más fácil animarla y se podrá involucrar en situaciones que sean acordes a sus capacidades y habilidades. Por más mínima que sea la actividad, ésta seguramente ayudará a la persona a sentirse útil.

El primer paso para cambiar de hábito es aceptar que la etapa ha terminado y que empieza una nueva. Es una especie de duelo, pero que se tiene que enfrentar. Una actitud positiva ante este nuevo hecho es un paso importante.

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Para ello, es necesario visualizar la infinita gama de posibilidades que se abren a la persona que ya no tendrá que asistir a su lugar de trabajo y seguirá recibiendo dinero. Incluso, si es de su agrado, se puede seguir trabajando de forma independiente y así sentir que se está produciendo.

Como decíamos anteriormente, la familia juega un rol importante, por lo que también es básico no estar recordando que ya se salió de la empresa, pues este tipo de comentarios no ayudan a vencer el miedo de pensar en lo que vendrá. En cambio, es mucho más importante hacerle pensar a la persona jubilada que tiene el potencial y el tiempo para hacer lo que quiere.

Asimismo, es recomendable dejar que hable y escucharla sin emitir juicios sobre sus emociones. Para la persona jubilada siempre será importante contar con alguien que lo escuche para motivarse.

Cada persona es un mundo y como tal, tiene distintas necesidades a la hora de ser “animado”. Para algunos tener compañía en la primera semana es importante, para otros estar solo es más útil. Sin embargo, siempre es eficaz hacerle saber a la persona que puede contar con nosotros.