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El claro y fuerte color verde de sus hojas en un potente atractivo para quienes ven al Árbol de la muerte en la lejanía. Sin embargo, tal como dice su nombre, esta planta puede matar a un ser humano con su poderosa carga de toxinas.

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Nativo de América Central y las islas del Mar Caribe, el Árbol de la muerte o Hippomane mancinella crece en ambientes cálidos y turísticos, que suelen ser frecuentados. Es por lo mismo que los ecologistas y guardabosques se encargan de advertir con señaléticas los peligros del árbol. Pero, ¿por qué es tan mortal esta planta?

El científico, naturista, botánico y zoólogo sueco Carlos Linneo, describió en su libro Species Plantarum los peligros del árbol de la muerte. En primer lugar, el experto señala que el polen emitido por el árbol es altamente alergénico y puede desencadenar graves reacciones en personas sensibles.

En caso de tocar cualquier parte del árbol, la savia de este produce ardor, ampollas y reacciones en la piel. Si la persona que tocó el árbol se frota los ojos y/o la nariz, inflamará gravemente los tejidos con un intenso dolor. El efecto de la savia puede traspasar telas (razón por la que tocarlo con guantes no sirve).

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Peor aún es consumir el fruto -que, a todo esto, tiene un dulce y agradable sabor-. “Todas las partes del árbol son extremadamente venenosas. La ingestión y la interacción con cualquier parte de este árbol puede ser letal”, señalan las advertencias edificadas por Michael G. Andreu y Melissa H. Friedman, de la Universidad de Florida, en algunos árboles.

Según cuentan, este árbol era utilizado por los indígenas para torturar a la gente, dejando a sus enemigos colgados en sus ramas hasta que morían.

La doctora Nicola H. Strickland señaló en el portal del Centro de Economía Botánica de Kew que, por casualidad, ella y un amigo consumieron el fruto del árbol de la muerte.

A los pocos segundos de ingerir un mordisco comenzaron a sentir picazón en la garganta y sus ganglios linfáticos se manifestaron totalmente inflamados. Nicola describe la sensación como “un profundo dolor” que comenzaron a combatir tomando leche. “Nos ardía la boca y la garganta. No podíamos tragar nada”, cuenta.

Tras ocho horas de dolor y picazón, los científicos comenzaron a sentirse mejor. “Tuvimos suerte, porque solo alcanzamos a darle un mordisco”, cuenta.

Comer un fruto entero de este árbol provoca vómitos y diarreas severas (además de la inflamación) que no cesan hasta deshidratar totalmente el cuerpo y provocar la muerte.

Cada parte del árbol es letal. El científico Carlos Linneo advierte en su libro que el humo liberado por la quema de hojas y tronco del árbol irrita a quienes los inhalan y puede causar graves efectos.

Fuente: BioBioChile