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Hoy en día es más común ver niños con hiperactividad, esto debido al ambiente influyente y los reforzadores de esa conducta, generando angustia en el niño y sus padres, quienes no saben cómo cambiar esta situación del sentir y estar en armonía. Es por esto que debemos trabajar juntos; padres, colegio, familia, creando un entorno óptimo para el desarrollo estable de su estado emocional.

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Los niños hiperactivos son poco comprendidos e incluso, rechazados por sus pares y entorno social. No saben entender que el niño internamente no se siente a gusto y quiere escapar de todo su desorden interno. Es por esto que cuando le gritamos, retamos con agresividad. Su entorno está desordenado y somos ambiguos ante los límites que les ponemos y comunicamos. Ellos reaccionan y comienzan a liberar toda esta tensión gritando, moviéndose, desobedeciendo. Toda esta energía quieren liberarla y necesitan ser contenidos con amor, afecto y armonía externa.

Cuando las relaciones con nuestros hijos se complican y generan mucha ansiedad es conveniente consultarlo con un pediatra y plantearse la posibilidad de que exista alguna causa para estos comportamientos que no tenga que ver con la educación que le hemos dado o con la elección de una guardería poco adecuada. Una de las posibles causas puede ser el Trastorno por Déficit de Atención con o sin Hiperactividad.

El Trastorno por Déficit de Atención con o sin Hiperactividad (TDAH) es un trastorno de origen neurobiológico que se caracteriza por el déficit de atención, impulsividad y/o hiperactividad excesiva o inapropiada para la edad del niño, dificultando su desarrollo. Aunque la causa es de carácter neurobiológico , los síntomas pueden agravarse en condiciones ambientales adversas.

En principio, que nuestro hijo sea despistado o excesivamente movido o impulsivo no es malo (salvo para nuestra paciencia y la de los maestros). Los problemas comienzan cuando, a causa de estas dificultades, nuestro hijo con TDAH ve alterada su vida cotidiana en casa y en la escuela, y aparecen otros problemas como roces o peleas con los amiguitos, padres y maestros con su paciencia agotada y optan por los castigos, dificultades para regular el sueño o los hábitos de comer, mayor facilidad para sufrir accidentes, entre otros.

Durante la edad preescolar es difícil hacer un diagnóstico definitivo de TDAH, ya que muchas de las conductas de nuestros hijos como saltar, correr, gritar, forman parte del comportamiento normal de la mayoría de los niños pequeños. La clave para el diagnóstico del TDAH es que los síntomas se mantengan de forma crónica e inadecuada para la edad de nuestro hijo y que dichos síntomas no sean consecuencia de otras causas. Para ello, es necesario la evaluación de un profesional clínico que diagnostique el trastorno y determine las causas de ese comportamiento.

Para establecer el diagnóstico, el especialista necesita tanto la información de los padres y del pediatra como la observación directa del comportamiento del niño. Con estos datos, él puede juzgar la frecuencia y la intensidad de las conductas inadecuadas y establecer así un diagnóstico adecuado, diferenciándolo de los comportamientos propios de esta edad. No es lo mismo un niño que a veces corre por el pasillo o que le gusta saltar, que otro que no sabe desplazarse sin correr y que se golpea con frecuencia por ir rápido y sin mirar.

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Actualmente se sabe que entre 1/3 y 2/3 de los niños que son diagnosticados de TDAH seguirán teniendo alguna dificultad cuando lleguen a adultos. Pero también se sabe que, aunque la causa de este trastorno es de carácter neurobiológico, los síntomas se pueden agravar si se vive en unas condiciones ambientales adversas. Por eso es importante cuidar el entorno en el que se mueve nuestro hijo y la forma como lo tratamos. Por eso es importante ubicar los siguientes puntos:

1.- Saber cuál es el comportamiento normal del niño en edad preescolar: Pretender que un niño se comporte perfectamente en situaciones creadas para adultos es algo irreal. Los padres han de adaptar las actividades que realizan con sus hijos a las edades de los niños.

2.- Aprender a controlar la conducta de nuestro hijos: Lograr que los niños con TDAH hagan aquello que los padres suponen que deben hacer es un reto muy difícil de conseguir. Por ello, es conveniente acudir a seminarios o cursos donde se aprenden a utilizar estrategias educativas eficaces, a adecuar las expectativas a las capacidades de los niños y, a la vez, conocer a otras familias que se encuentren en situaciones semejantes y que les comprenden.

3.- Intentar conservar la calma, por muy tensa que sea la situación: Antes de perder los nervios es conveniente respirar profundamente, contar hasta diez y, si es necesario, retirarse un momento y regresar de nuevo para intentar solucionarlo de forma calmada.

4.- Ir paso a paso: Es mucho más razonable y menos decepcionante proponernos pequeñas metas e, incluso, intentar conseguir y valorar pequeños avances dentro de un mismo objetivo. Por ejemplo, si queremos conseguir que nuestro hijo se ponga él solo el pantalón, podemos empezar porque se siente en la silla, después tendrá que meter los pies por su sitio, aprender a subírselo, aprender a abrocharlo y, al final, ponerse el cinturón.

5.- Buscar las conductas positivas: La mayoría de los padres tienden a prestar más atención a las conductas negativas de sus hijos, ya que estas son las que molestan y llaman la atención. Es muy importante descubrir a nuestro hijo haciendo algo bueno y felicitarle por ello.

6.- Por último, cuando tenemos a un hijo que reclama la atención constante de los padres, éstos suelen dedicar menos atención al hermano más tranquilo porque corre menos peligros. Los padres se sienten mal porque no pueden descuidar a uno de los hijos, pero también comienzan a disminuir la atención hacia su otro hijo. Es conveniente buscar un tiempo especial para dedicarse plenamente al otro hermano.