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Las doce uvas son una tradición de origen español y extendida a otros países hispanoamericanos como México, Venezuela, Argentina, Bolivia, Ecuador, Perú, Chile, Colombia, Costa Rica, etc. Existen varias teorías acerca de cuándo comenzó esta costumbre que se ha vuelto imprescindible en la Nochevieja.

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Según la tradición, se cree que el que se coma las doce uvas al compás de las doce campanadas, que marcan los meses del año, tendrá un año próspero.

Aunque esto primeramente se hizo como una forma para ridiculizar a la burguesía de finales del siglo XIX -que acostumbraba brindar con champaña la víspera de Año Nuevo-, por un sector modesto de la población, que acudieron a la Puerta del Sol en Madrid, para comer uvas acompañados del sonido de las campanadas; posteriormente, comenzó a tener aceptación entre todos los círculos sociales y de ahí, a extenderse por el mundo.

Otra teoría del origen de las doce uvas, y quizá la más veraz, indica que en 1909 hubo una muy buena cosecha de uva en Alicante y Murcia, por lo que los productores decidieron dar salida al fruto vendiéndola como “uvas de la suerte”.

A lo largo de los años, la tradición se ha ido puliendo y en la actualidad, mucha gente dice que las uvas simbolizan la abundancia y cada vez que se come una, hay que pedir un deseo. La tradición marca que al término de las campanadas, se debe haber terminado de comer las doce uvas, o de lo contrario, los deseos correspondientes a las uvas faltantes no se realizarán.