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Una de las decisiones más difíciles de tomar en estas fechas es el lugar donde se pasarán las festividades. Si nos encontramos casados o en una relación de muchos años donde la cuestión es más formal, las preguntas surgen tipo: ¿Con quién pasar la navidad? ¿Con mis papás o con mis suegros? 

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Para evitar situaciones que terminen en disgustos, conflictos y enojos entre la pareja, es esencial platicarlo y llegar a un acuerdo desde el principio del matrimonio.

El dilema se presenta también cuando se está divorciado y hay hijos de por medio, pues a todos los niños y jóvenes les gusta celebrar la Navidad junto a sus padres, y cuando tienen que decidir si pasan con papá o con mamá, la situación puede complicarse, ya que ellos preferirían que todos estuvieran juntos en la Nochebuena.

Navidad es una celebración familiar, quizá la más importante del año, pues esta fecha hace que se junte toda la familia para celebrarla, incluso los seres queridos que están lejos, llegan para pasar estos días al calor del hogar. Aunque no hay recetas mágicas que determinen qué es aconsejable o qué no, todo depende de la apertura y la situación.

En el caso de las parejas, cuando una de las familias vive en un lugar y la otra en otro estado, para los integrantes es más fácil decidir, pues asumen la posibilidad de pasar un año con los suegros, y otro con los padres. Pero cuando ambas familias radican en un mismo lugar, la situación es totalmente diferente.

Hay quienes optan por pasar la Navidad con los padres y el Año Nuevo con los suegros o viceversa. Otros prefieren pasar las dos fiestas con ambas familias, dándose tiempo para todos, pero esta última opción implica que solo cenen con una de las dos familias, o incluso, que cenen doble.

Y por “egoísta” que pudiera parecer, hay otra opción por la cual las parejas se inclinan, el pasar una Navidad en pareja, solos, ya sea en el nuevo hogar o en un lugar fuera, incluso lo toman como una segunda luna de miel.

En el caso de los padres divorciados, lo primordial es que, pese a las diferencias que pudiera haber, se decidiera juntos qué y cómo la van a pasar, tomando en cuenta qué es mejor para los hijos, evitando a toda costa que se sientan usados y manejados, llevándoles de un lado a otro lado.

En primer lugar, hay que escucharlos y evitar aquello que sucede tan a menudo: que los adultos decidan por ellos. Se debe tener siempre en cuenta que los niños y los adolescentes prefieren estar donde se sienten más cómodos y que no es recomendable separar a los hermanos para que unos pasen con mamá y otros con papá.

Es, asimismo, necesario darles total seguridad a los hijos de que sus deseos y sus sentimientos están siendo respetados y, aunque no sea lo que a los padres más les guste, son los niños los que tienen prioridad y derecho a escoger con quién pasar la Navidad.
Normalizar las relaciones dentro de los hogares separados es de vital importancia para evitar que los niños sufran durante esta celebración. De la buena relación que lleven sus padres y de cómo se haya trabajado el duelo que produjo la separación, será la visión que tendrá el niño sobre las fiestas, es decir, que signifiquen para ellos algo alegre o triste estas fechas.