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El poeta y dramaturgo Manuel Acuña, quien pese a su corta vida es considerado como uno de los representantes más importantes del romanticismo mexicano, es recordado a 143 años de su fallecimiento, por su célebre “Nocturno”.

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Acuña nació en Saltillo, Coahuila, en agosto de 1849, e inició sus estudios en el Colegio Josefino de su ciudad natal.

Fue a los 16 años que Acuña se trasladó a la Ciudad de México con intención de cursar estudios de latinidad, matemáticas, francés y filosofía, pero finalmente ingresó a la Escuela de Medicina.

Sin embargo, la afición a las letras que existía en ese entonces en Acuña se impuso muy pronto, dejando de lado la idea de convertirse en médico.

Más adelante comenzó a colaborar para diversas publicaciones como “El Renacimiento”, “El Libre Pensador”, “El Federalista”, “El Domingo”, “El Búcaro” y “El Eco de Ambos Mundos”.

Bajo la influencia de personajes como Gustavo Adolfo Bécquer (1836-1870), Acuña adoptó un tono de encendida protesta existencial y revolucionaria.

Escribió poemas satíricos y amorosos, de entre ellos destaca “Ante un cadáver”, así como dos obras de teatro: “El pasado” y “Donde las dan las toman”, publicaciones que se perdieron después de su muerte.

Acuña se suicidó el 6 de diciembre de 1873, en la Ciudad de México, dejando una carta para quien fuera su amigo, el poeta Juan de Dios Peza (1852-1910), así como un poema para quien fuera su musa, bajo el título “Nocturno a Rosario”, el cual se convirtió, con el paso del tiempo en uno de los emblemas literarios del amor trágico.