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Estamos ya en esa maravillosa época de dar y recibir regalos increíbles, pero también es cuando nos metemos en una serie de problemas cuando se trata de los famosos y peligrosos intercambios, esos eventos voluntariamente a fuerza en casi todos los hogares y oficinas de nuestro país, a los que por desgracia, recurrimos debido a que nuestra situación económica no está como para darle regalo a todo mundo y en la que quemamos una parte de nuestro valioso y bien ganado aguinaldo.

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Si es entre la familia cercana y las personas que tenemos ya varios años de conocerlas, no hay tanto problema, pues más o menos tenemos idea de lo que le gusta a esas personas, a menos de que seamos realmente tacaños y recurramos a los “roperazos” como opción, lo cual se nota a años luz y nos valdrá una buena crítica entre el círculo.

Sin embargo, los intercambios pueden ser realmente catastróficos cuando no existe tanta confianza entre los participantes. Esto se da mucho más en las oficinas. De por sí, el numerito es incómodo, como para quedar mal y dar pie a comentarios desagradables. A pesar de todo lo odioso que puede llegar a ser un intercambio, seguimos entrándole a esta dinámica por el simple hecho de no quedar como “grinch” y ser rechazados socialmente por no haber accedido a convivir en estas épocas.

Por regla general, se debe establecer un rango de precio razonable. Es feo tanto llegar con un regalo que consista en dos películas piratas y seis pins, pues todos se darán cuenta de que no cumplimos con la cifra, como si es mucho, al dar un regalo que duplique la cantidad porque a nadie le gusta gastar los millones de pesos en gente que ni siquiera nos importa.

Bueno, ya establecida la cantidad, viene el sorteo de ver a quién nos toca regalarle. Tan de mala suerte que por lo general, nos toca esa persona que no nos cae muy bien o con la que simplemente, no nos llevamos. Entramos en un dilema: ¿qué regalarle a esa persona si apenas nos hemos dado cuenta de su existencia? Lo primero, es no asumir las cosas y hacer un trabajo de investigación para ver qué le gusta. Si eso implica enviarle invitación para ser parte de su red de amigos en Facebook, hay que hacerlo, pues con eso nos daremos una idea de qué hobbies tiene o sus cantantes y grupos favoritos. Otra opción es mandar “de avanzada” a alguien a que averigüe qué es lo que desea que le regalen y si de plano eso no funciona, ser uno mismo el que pregunte. Preferible que sepa quién le va a dar a que seamos odiados de por vida.

Puede ser que no tengamos buen gusto y que todo lo que compremos realmente sea vergonzoso, en ese caso, lo ideal es guardar la nota para hacer el cambio o de plano, aunque no muy personal, un certificado de regalo puede ser también algo que nos saque del apuro para que la persona compre a su gusto.

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Por último, habrá momentos en los que muy posiblemente nos sea casi imposible pasar a comprar un regalo, pero no hay nada de tan mal gusto como el “roperazo” y más cuando la persona a la que se lo damos es de una talla abismal a la nuestra. Todos en algún momento de nuestra vida hemos recibido alguna prenda que no es de nuestro gusto y la guardamos por mucho tiempo en nuestro clóset. Entre que no tenemos tiempo y nos queremos ahorrar una lana, en ocasiones recurrimos a esto, pero es algo que puede llegar a ser realmente insultante cuando nos toca la compañera o la prima gordita y le regalamos una blusa talla “extra slim”, o peor aún, cuando nos tocó el chavo de Sistemas o el tío que se mata horas en el gym y participa en cantidad de carreras 10K y le regalamos un suéter en el que podrían caber tres veces su tamaño.

Si en esta época pensamos regalar algo a alguien o nos vemos forzados a llevar regalo, hay que dar algo que de verdad salga de nuestro corazón y pensar en la persona al elegir el regalo. El salir apresuradamente a buscar las ofertas, la rebaja sobre la rebaja, comprar lo más barato sin fijarse en ningún detalle, sólo dejará ver una cosa: un corazón duro, avaro y egoísta que sólo da para “cumplir” con el protocolo. Es momento de practicar nuestra generosidad sin hacer alarde de ello.