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Terribles, fuertes, imparables, ansiosos de sangre y carentes de toda piedad. Este es la imagen que en el mundo dejaron detrás de sí, los habitantes precristianos de Escandinavia. Conocidos como los vikingos, estos saqueadores cobraron fama por sus espectaculares incursiones alrededor de Europa, atemorizando a sus habitantes desde el siglo VIII.

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La insaciable codicia de riquezas y nuevas tierras es lo que desde siempre se presumió como principales estímulos de sus pillajes. Pero un nuevo estudio publicado en la revista ‘Evolution and Human Behavior’ arroja luz sobre otro importante factor: la práctica de la poligamia y el concubinato en la sociedad vikinga precristiana.

En la publicación, los autores explican cómo esta práctica pudo haber provocado el éxodo masivo de hombres de sus tierras natales. Y es que mientras más alto era el estatus del vikingo hombre, más mujeres le pertenecían, dejando a otros de más bajo rango, sobre todo los más jóvenes, sin posibilidades de encontrar pareja.

Numerosas historias escandinavas describían esta tradición. La Saga de Harald relata entre otras cosas que el rey noruego Harald Hárfagri tenía numerosas esposas y concubinas. En la Saga de Eric el Rojo, se describe como en el asentamiento vikingo de Vinland surgen una serie de peleas, ya que los hombres que no tenían esposa trataban de apoderarse de las mujeres ya casadas.

La falta de posibilidades de encontrar pareja en su propia tierra, motivaba a muchos jóvenes vikingos a unirse en compañías para realizar incursiones en los territorios vecinos, obteniendo como trofeo no solo sus riquezas y el respeto de sus compañeros, sino también cautivas féminas.

Esta idea en realidad no es nada nueva. El cronista medieval Dudo de San Quentin (c. 965-1043) mencionaba en su obra La Historia de los Normandos que los saqueos vikingos se debían al exceso de hombres jóvenes sin pareja. Las crónicas británicas llegaban incluso a describir “los bajos trucos” a los que los escandinavos acudían para seducir a las mujeres británicas: se bañaban y se peinaban.

Los análisis de ADN de los restos de los primeros colonizadores vikingos no dejan duda alguna: mientras que la población masculina de los nuevos asentamientos era predominantemente nórdica, las mujeres solían ser celtas provenientes de las islas británicas o de la costa atlántica de Francia.

Un buen ejemplo de este fenómeno es la población actual de Islandia. A pesar de preservar el legado cultural y el idioma de sus antepasados vikingos, genéticamente son más bien celtas. Y es que los jóvenes vikingos buscaban sus futuras esposas durante las redadas a las islas británicas. Sus hijos —mitad escandinavos, mitad celtas— al crecer repetían la aventura, y sus nietos, y sus bisnietos. Para sorpresa de los islandeses, que presumen de su linaje nórdico, varios siglos de semejantes interacciones prácticamente eliminaron la sangre escandinava de sus venas.

Fuente: SputnikNews