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En México, una costumbre muy arraigada, incluso de siglos, es la de sentarse a la mesa en familia a compartir los alimentos, aunque a últimas fechas tal pareciera que está a punto de extinguirse por la dinámica con que se mueve la sociedad de nuestros tiempos.

sueño posible

Actualmente el ritmo de vida, las largas jornadas laborales y las actividades después del colegio se interponen a menudo con estos ratos familiares. Hay menos tiempo para cocinar y se recurre más a la comida preparada con ingredientes que favorecen el sobrepeso. Los medios de comunicación y las tecnologías han ingresado en el hogar y a veces llevan a los adolescentes a preferir comer frente al televisor, el teléfono o la computadora.

La familia es el núcleo en el cual se aprende y se refuerzan las conductas que nos distinguen como seres humanos. Realizar actividades como el compartir los alimentos con nuestros seres queridos puede traer muchos beneficios tanto para los adultos como para los niños.

Comer juntos no es únicamente saciar el hambre, sino que hay un significado mucho más trascendente. Desde la infancia, los chicos aprenden con el ejemplo de sus padres y así adquieren hábitos como mantener una conversación, escuchar y estar atentos a las necesidades de los demás, levantar el ánimo con una anécdota divertida, ser generosos también con la comida dejando a otro una mejor porción. Incluso, también ayuda a la interacción entre familiares el tiempo en el que se prepara la comida, a la hora de quitar la mesa o lavar los platos.

Además, esta actividad fomenta la alimentación saludable. Un estudio realizado por la Universidad de Minnesota reveló que a través de este tipo de convivencias se logra que las personas obtengan un buen hábito al comer, procurando consumir alimentos saludables y dejando a un lado la comida de bajo aporte nutricional, por lo cual se previene el sobrepeso y la obesidad.

Es posible que a los adolescentes no les entusiasme la idea de comer en familia debido a que están tratando de establecer su independencia. Sin embargo, algunos estudios han demostrado que los adolescentes todavía desean los consejos y la opinión de sus padres. La mesa familiar funciona además como prevención de adicciones y de trastornos alimentarios que debe ser vista como un momento agradable, donde se sientan a gusto, sin discusiones o sermones.

Cualquier momento en que la familia se reúna para comer, ya sean alimentos traídos de un restaurante o una cena completa preparada en casa, debe convertirse en el momento ideal para apagar la televisión y dejar todo el trabajo y demás problemas y enfocarse en nosotros mismos, en los hijos, matrimonio y en el hogar, logrando de esta manera un ambiente lleno de armonía.