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El 28 de septiembre del año 2000, el parlamento de Holanda legalizaba la eutanasia, hecho que convertía a este país en el primero en el mundo en aprobar la muerte piadosa.

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La eutanasia había sido tolerada durante muchos años en los Países Bajos, pero seguía siendo ilegal hasta ese momento, lo que hacía que -en teoría- un doctor que administrase una droga letal fuera sujeto de un juicio.

Con la nueva ley se permitía poner fin a la vida de un paciente, bajo ciertos criterios estrictos: Que éste sufriera un dolor intolerable y constante, que él o ella hubieran pedido en repetidas ocasiones que se les dejara morir,  buscar una segunda opinión médica, y que la terminación de la vida debía ser llevada a cabo en una forma médica apropiada.

Según las encuestas de opinión de ese momento, una clara mayoría de los holandeses apoyaba el proyecto de ley.

Sin embargo, 16 años después, el debate internacional al respecto sigue siendo intenso, sobre todo en lo relacionado a los aspectos éticos y religiosos. De hecho, la eutanasia es una práctica ilegal en la mayor parte del mundo y sólo está permitida legalmente, además de Holanda, en Bélgica, Luxemburgo y Colombia, al igual que en el estado de California, EEUU.

En otros países como Suiza o en algunos estados norteamericanos como Oregón, Washington, Vermont o Montana se solapa a través de legislaciones difusas, vacíos legales o leyes que reconocen lo que llaman el “suicidio asistido”.

El argumento de los que la descalifican indica que, si bien el suicidio asistido alivia el sufrimiento, amenaza también a los ciudadanos más vulnerables: ancianos y discapacitados que de por sí, se las ven bastante difícil para justificar su existencia a los ojos de muchas personas.

Por otro lado, sus defensores señalan que la eutanasia respeta la libertad individual y permite al individuo morir de una forma digna cuando la vida ya no puede ser “normal” para él.

También está el sentir de la comunidad médica, la cual se divide entre quienes consideran “piadoso” permitirle y ayudarle a la persona a morir, y quienes consideran que contradice el juramento hipocrático.

En tanto, para la Iglesia la eutanasia es una grave violación de la Ley de Dios en cuanto eliminación deliberada y
moralmente inaceptable de una persona humana, además de impedir el sufrimiento inevitable que todo ser humano debe pasar en sus últimos momentos de permanencia en la Tierra para experimentar en carne propia el sufrimiento de Cristo en su crucifixión.

Y así, mientras en el mundo se sigue debatiendo sobre la posibilidad de legalizar la muerte asistida, en Holanda cada año es más fácil calificar como candidato. Al principio, casi todos los elegibles eran enfermos terminales. Ahora los médicos ayudan a morir a personas que ya no quieren vivir con depresión, autismo, ceguera o dependientes de la atención de otros.

El derecho a ejercer la autonomía y libertad de elección hasta el último momento dirían algunos; para otros, una forma cobarde de huir del dolor y para algunos más, un asesinato solapado por la sociedad y por las autoridades.