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El expresidente cubano Fidel Castro Ruz (1926-2016) sostuvo amistad con importantes personalidades de la cultura, una de las más importantes fue con el escritor colombiano Gabriel García Márquez, quien durante décadas viajó frecuentemente a La Habana para visitar a su amigo.

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“La nuestra es una amistad intelectual, cuando estamos juntos hablamos de literatura”, dijo García Márquez en 1981 al explicar cómo eran sus encuentros.

García Márquez también fue mediador entre Castro y el presidente estadounidense Bill Clinton, y ofició el mismo papel entre el gobierno colombiano y el Ejército de Liberación Nacional (ELN) en Cuba.

En el articulo “El Fidel Castro que yo conozco”, escrito por el propio García Márquez y publicado en el “Granma”, periódico oficial en Cuba, el Premio Nobel de Literatura destaca del guerrillero “su devoción por la palabra. Su poder de seducción. Va a buscar los problemas donde estén. Los ímpetus de la inspiración son propios de su estilo. Los libros reflejan muy bien la amplitud de sus gustos”.

A través de un largo texto publicado en el año 2009, el autor de “Cien años de soledad” alabó de Castro su fervor para preparar las recetas de cocina, el que se mantuviera en excelentes condiciones físicas con varias horas de gimnasia diaria y de natación frecuente. “Paciencia invencible. Disciplina férrea. La fuerza de la imaginación lo arrastra a los imprevistos”.

“Una cosa se sabe con seguridad: esté donde esté, como esté y con quien esté, Fidel Castro está allí para ganar. Su actitud ante la derrota, aun en los actos mínimos de la vida cotidiana, parece obedecer a una lógica privada: ni siquiera la admite, y no tiene un minuto de sosiego mientras no logra invertir los términos y convertirla en victoria. Nadie puede ser más obsesivo que él cuando se ha propuesto llegar a fondo a cualquier cosa”, aseguraba el escritor.

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En tanto, García Márquez era descrito por Fidel como “un hombre con bondad de niño y talento cósmico… Un hombre de mañana, al que agradecemos haber vivido esa vida para contarla”.

La gran amistad surgió en los albores de la Revolución, cuando García Márquez llegó a la isla como periodista a cubrir el triunfo del Ejército Rebelde que derrocó a la tiranía de Fulgencio Batista (1952-1959).

Durante su residencia en La Habana, García Márquez participó en 1959 en la formación de la agencia noticiosa Prensa Latina y en 1986 en la creación de la Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano y de la Escuela Internacional de Cine de San Antonio de los Baños, al suroeste de La Habana, que ha graduado a generaciones de cineastas.

En el libro “Gabo y Fidel: el paisaje de una amistad”, los autores Ángel Esteban y Stéphanie Panichelli aseguran que García Márquez se convirtió en el interlocutor íntimo del cubano y apoyó la revolución dentro y fuera de la isla.

Además de narrar la amistad entre Gabo y Fidel y lo que se aportaron el uno al otro, el volumen descubre entresijos de la alta política del Caribe, el nacimiento y triunfo del sandinismo y cuáles son las piezas que mueven el socialismo internacional para combatir el capitalismo.

La gastronomía era otra de las pasiones que compartían, aunque no los gustos. Mientras al colombiano le fascinaba el caviar, la Veuve Clicquot o la langosta, que servía de manera generosa en su casona habanera, el comandante prefería el bacalao y el vino tinto.

“Nuestra amistad fue fruto de una relación cultivada durante muchos años en que el número de conversaciones, siempre para mí amenas, sumaron centenares”, dijo Fidel Castro en 2008 cuando recibió a “Gabo” y a su esposa Mercedes, en ocasión de una visita tras los problemas de salud que sufrió el expresidente cubano.

(ntx)