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La muerte es algo natural al ser humano, pero en ocasiones nos puede tomar de improviso, sorprendiéndonos tanto que no sabemos qué hacer ni qué decir.

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La pérdida de un ser querido afecta profundamente a las personas que se quedan, por eso hay que saber cómo actuar, qué decir y qué hacer ante esta situación. Nos enfrentamos a un profundo e intenso dolor emocional y debemos ser respetuosos con los procesos de duelo de los más allegados al difunto.

A pesar de que en la actualidad, todavía hay gente que se inclina por un funeral tradicional y religioso para despedir a su ser querido, hay otro sector que se está inclinando más por una manera más personalizada y acorde con su estilo de vida. Incluso, aunque se dan en menor medida, los funerales civiles son un acto laico en el que el orador ensalza las virtudes del difunto, haciendo un breve repaso de su vida y contando algunas anécdotas, mucho más sencillo que el religioso y bastante conmovedor, ya que se habla mucho más del fallecido.

Pero aún con este tipo de cambios, siguen persistiendo algunas etiquetas y convencionalismos que deben seguirse para no hacer “un oso” en un momento que requiere de mucha solemnidad.

Antes que nada, debemos tomar en cuenta que un funeral es la oportunidad de ofrecer nuestro respeto y cariño a alguien que sufre. Muchas veces nos encontramos en la disyuntiva de si asistir o no a un funeral. Lo correcto es que al velorio sólo asistan los más cercanos a la persona y a la familia, pues es un momento sumamente personal y sentimental. Lo que sí es importante es que si decidimos ir, lo hagamos de corazón y para apoyar a la familia. Si decides no acudir, llamar o enviar un mensaje escrito a mano con flores de apoyo a ellos es la mejor opción, ya que una llamada puede coincidir en el peor momento de dolor. También, aunque es impersonal y no precisamente la mejor vía para expresar nuestro pésame, enviar un mensaje de texto puede ayudar.

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Si se va a asistir, vestir de negro u otro color oscuro será lo más adecuado. Actualmente, se realizan ceremonias luctuosas en las cuales se pide a los asistentes que vistan de blanco u otro color, pero básicamente, lo ideal es portar el luto en señal de respeto y evitar todo lo que pueda ser llamativo como escotes, faldas cortas, vestuario estrafalario, accesorios demasiado vistosos, tenis sucios o jeans rotos. Es un funeral, no un desfile de modas.

Dar el pésame es uno de los momentos más difíciles para las personas porque siempre se preguntan qué es lo que tienen que decir. Si de plano no encontramos las palabras adecuadas para expresar lo que sentimos, se puede recurrir a frases como “Mi más sentido pésame”, “Te acompaño en esta pena” o “Lo siento mucho”, o también pueden simplemente darle un abrazo confortante a los deudos.

También, se puede ofrecer a hacer algo por los deudos en este difícil trance y la mejor manera para expresarlo es decirles: “Si necesitas que le avise a alguien, o cualquier cosa, por favor, con toda confianza”.

Lo que hay que evitar a toda costa durante la realización del funeral es comportarse como si fuera una reunión social, hablar por teléfono en el lugar donde están los deudos – de preferencia, es mejor apagarlo – estar todo el tiempo en la cafetería o área de fumar, menos en el evento mismo, quedarse horas y horas, a menos que realmente se sea cercano, expresiones de dolor como gritos o llantos exagerados que puedan mortificar más a los dolientes.

Acudir al velatorio es importante para los deudos. El saber estar es siempre valorado, pero en situaciones delicadas como ésta se valora el doble.