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No se encuentran en ninguna biblioteca, diccionario, vocabulario o libro alguno, las palabras exactas para describir el dolor que nos invade cuando perdemos a un ser amado. Es posible que uno pase por todo tipo de emociones, desde experimentar tristeza, preocupación, enojo, engaño, alivio, culpabilidad, hasta sentirse vacío o asustado.

cementerio

Sobrellevar la pérdida de un ser querido puede ser uno de los mayores retos que debemos enfrentar. La muerte de un familiar o un amigo cercano puede causar un dolor especialmente profundo. Podemos ver la pérdida como una parte natural de la vida, pero aún así nos embarga el golpe y la confusión, lo que puede dar lugar a largos períodos de tristeza y depresión.

Todos reaccionamos de forma diferente ante la muerte y echamos mano de nuestros propios mecanismos para sobrellevar el dolor que ésta conlleva. Las investigaciones indican que el paso del tiempo les permite a la mayoría de las personas recuperarse de la pérdida. Aceptar la muerte de alguien cercano puede tomar desde meses hasta años, por lo que no hay una duración establecida para que pase el duelo; eso depende de cada persona.

Nos encontramos de pronto enfrentando etapas largas y dolorosas de aceptación, adaptación, impotencia, cólera; etapas todas que tenemos que pasar para algún día poder aliviar el corazón, un proceso largo que incluso, podría durar toda la vida.

Como decíamos, no existe garantía alguna que nos asegure un tiempo específico para el proceso de recuperación, pero sabremos que ha llegado cuando seamos capaces de imponernos nuevos proyectos vitales y podamos normalizar una convivencia con familiares, amigos y compañeros. En ese momento, sabremos que hemos alcanzado la aceptación de que la persona querida ha muerto y no volverá.

Aceptar no significa olvidar, más bien, es encontrar el sentido a todo lo vivido. Es traer a nuestra memoria las vivencias del pasado con el ser querido sin sentir ese dolor que no se puede controlar, recordarlo con ternura, perdonarnos y perdonar lo negativo que alguna vez pudo empañar una relación.

Cuando llega ese momento, podemos llorar en fechas importantes como aniversarios, cumpleaños y cualquier acontecimiento especial, pero sin la ansiedad y dolor inicial; y seguiremos adelante con nuestra vida hasta el feliz momento de encontrarnos de nuevo.