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En años anteriores, la mayor preocupación sobre el uso excesivo de las redes sociales eran comportamientos de aislamiento y adicción a estas páginas en la web. Hoy en día, se suman a esta problemática los trastornos alimenticios, principalmente en mujeres adolescentes.

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Si se realiza una búsqueda rápida por Internet de los términos anorexia, bulimia y adolescentes los primeros resultados que se obtienen son de blogs de jóvenes que intercambian información preocupante sobre cómo sostener estos trastornos alimentarios.

La mayoría de estos espacios en línea tienen nombres relacionados con “Ana y Mia”; el primer nombre es un prefijo que hace referencia a la anorexia y el segundo a la bulimia, y en la actualidad van en aumento en la web. Este tipo de sitios son visitados por usuarias como lugar de encuentro donde intercambian consejos para perder peso, trucos para comer cada vez menos y consejos para seguir unos hábitos alimentarios que pueden llevarlas a la muerte.

El peligro de estos portales es muy grande y legalmente es muy poco lo que se puede hacer para frenar esta apología de los trastornos alimentarios. Algunos de los sitios, por ejemplo, se presentan con el fin de poder encontrar amigas y amigos, pero en el fondo promueven prácticas alimenticias nada sanas y alientan conductas autodestructivas y hasta suicidas.

Pero no solamente estos blogs son preocupantes, sino que ahora se suma una nueva modalidad denominada en inglés, “thinspiration”, conjugación de las palabras thin -delgada- con inspiration -inspiración-, que consiste en compartir, en las redes sociales, fotos de famosas o mujeres extremadamente flacas.

Los mensajes que acompañan las imágenes incitan a parecerse a ese modelo de delgadez, un ideal que buscan alcanzar las chicas y que se convierte en un nuevo desafío que nos plantea el mundo cibernético globalizado. Al creer que la persona que se presenta es lo que se considera estético, se convierte en el principal objetivo a perseguir y para lucir de esa manera, terminan optando por dejar de comer, o vomitar después de comer.

Las redes sociales que hoy están a disposición en Internet, si bien no son fuente de origen de los trastornos alimenticios, sí agravan el problema, ya que ayudan, de manera negativa, a su propagación.

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Como si de diarios íntimos se tratara, muchos de estos sitios relatan con pormenores escenas de la vida cotidiana de estas jóvenes, que entre ellas se alientan a ser como princesas, pero su triste vida dista mucho de eso. Inocentes jóvenes que creen que “Ana y Mia” las ayudarán a ser “perfectas” y se disponen a seguir sus consejos al pie de la letra.

La incidencia de la tecnología en estos trastornos alimentarios hace que la anorexia y la bulimia tengan características diferenciales que permiten que los adolescentes armen grupos de pertenencia generados concretamente por la enfermedad y expongan el transcurso de la misma de forma abierta y pública, sin tener conciencia de ella.

No es de extrañar que las adolescentes que navegan por esas páginas muestren estar más insatisfechas con su figura que aquellas que no entran. Lo dramático del asunto es que esta actividad les ayuda a reafirmar su trastorno, haciéndoles sentir que no están solas y que hay alguien en el mundo que las entiende.

Lo primordial para ir disminuyendo las cifras de adolescentes que padecen desórdenes de la alimentación, así como la desaparición de páginas y tendencias que propician estas enfermedades, es lograr que los padres de familia tomen conciencia, sobre todo en regular el acceso a Internet y estar informados acerca de los sitios que sus hijos visitan con mayor frecuencia, porque se trata de un asunto sumamente peligroso para la salud mental y física de los jóvenes expuestos.

Es fundamental que se fomente en la familia una actitud objetiva y congruente sobre el peso. Habría que revisar el ideal estético actual y fomentar el cambio de mentalidad en las más jóvenes. Además, en esta tarea, también tendría que ser la propia sociedad la responsable de marcar otro estereotipo de mujer bella que sea más saludable que el actual. En este sentido, los grandes de la moda también tendrían mucho que aportar.