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El rendimiento escolar es diferente en cada niño y adolescente. Algunos obtienen buenas notas en todas las asignaturas, otros sólo en algunas y otros van aprobando o reprobando según las materias escolares. Y es que no siempre se es experto en todas las materias.

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Muchas veces, por temor a decepcionar a los padres o a ser regañados, los chicos esconden sus malas calificaciones; sin embargo en algún momento, los padres terminarán por saberlo. Las reacciones de estos últimos pueden ser variadas, pero más allá de esto, pueden aportar más efectos negativos que no ayudan al niño o al adolescente a mejorar sus notas.

Las calificaciones tienen un peso muy fuerte en los chicos que tiene que ver con las expectativas. Por lo general, un niño o un adolescente no sabe hasta dónde se está esperando que lleguen sus notas, por lo que se debe establecer un rango de exigencia acorde a cada quien; de ser muy exigente, podría ser difícil de alcanzar o superar y en vez de ser un motivador para que den un poco más de ellos mismos, se puede convertir en un elemento de frustración y desánimo.

Las causas del bajo rendimiento escolar pueden ser variadas y deben identificarse a tiempo. No es lo mismo el caso de un hijo que ha ido bien durante el resto del curso y que de pronto, pierde el interés por la escuela, que uno que ha ido mal desde el principio o un adolescente que se plantea dejar los estudios.

Lo primero es descartar problemas emocionales en los chicos como una depresión, un trastorno de la alimentación o que estén sufriendo bullying en la escuela. Si el problema es alguno de éstos, lo primero que hay que hacer es comenzar a resolverlo buscando ayuda.

Ante este tipo de situación, lo preferible es organizar una reunión con los maestros para descubrir qué es lo que está fallando: si es falta de atención en las clases, que no hace el trabajo escolar o simplemente que no está motivado.

Todos juntos deben definir muy claramente cómo van a cambiar las cosas. Por ejemplo, si el principal problema es la tarea escolar, se fijarán horarios para hacerla en casa. Si el problema es la falta de motivación, habrá que buscar elementos que lo motiven. De este modo, los niños y adolescentes tendrán que dedicar más tiempo al estudio, priorizando los temas que más les compliquen. Los padres pueden ayudar en esta misión, proponiendo hábitos de estudio y despejando inquietudes.

Los padres deben crear en los hijos la conciencia de que las malas notas pueden  y deben superarse para que el niño tenga mayor libertad. También hacerles saber que creen en su capacidad y felicitarlos por los progresos que tengan, lo cual los estimulará.