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Transfusiones de humanos de 18 años de edad en ratones con edades equivalentes a los 50 años, tuvieron efectos de rejuvenecimiento en su memoria, razonamiento y actividad física.

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Se trata de una nueva etapa en la investigación de cómo sangre de individuos jóvenes actúa en sujetos de edad avanzada, y se estima que tiene el potencial para aplicarse en humanos, dijo la neurocientífica Sakura Minami.

Con anterioridad, ratones de edades diferentes a los que se les había hecho compartir sus sistemas sanguíneos mostraron efectos positivos en los ejemplares de más edad pero de envejecimiento en los jóvenes.

Los ratones jóvenes que recibieron sangre de viejos mostraron en sus cerebros signos de envejecimiento, pero en los ejemplares de más edad se detectaron signos de rejuvenecimiento, señaló la científica.

El secreto de esos efectos parece encontrarse en el plasma y van más allá del cerebro, alcanzando al hígado, el corazón y los músculos.

En la nueva etapa de experimentos se tomó sangre de humanos de 18 años e edad y se inyectó en ratones de 12 meses, equivalentes a 50 años.

A los 12 meses de vida los ratones comienzan a moverse con lentitud, muestran conducta deficiente y tienen mal rendimiento en pruebas de memoria, es decir, comienzan a envejecer.

Luego de 21 días continuos de recibir dos inyecciones de sangre humana joven a la semana, se comparó la conducta de los ratones con la de ejemplares de su misma edad pero que no habían recibido inyecciones y con la de ejemplares de tres meses de edad.

En esas pruebas los ratones viejos inyectados corrieron en espacios abiertos como los jóvenes, y su memoria mostró signos de rejuvenecimiento pues recordaron mejor los recorridos hechos en un laberinto.

La sangre joven rejuveneció su racionamiento, dijo Minami, quien presentó esta semana los resultados de su experimento en la reunión anual de la Sociedad para la Neurociencia.

Minami añadió que al parecer el plasma joven puede incrementar el proceso de neurogénesis, es decir, de creación de nuevas células cerebrales.

También indicó que ya tiene perfilados algunos factores que explican ese proceso que causa la sangre joven, aunque declinó darlos a conocer por ahora.

Minami tiene el objetivo de avanzar en su investigación para llevarla a tratamientos en humanos, en particular en quienes muestren los efectos de envejecimiento cerebral.

Alkahest, la empresa donde labora la neurocientífica, ya comenzó experimentos con personas afectada por Alzheimer, señaló la edición en curso de New Scientist donde aparecen los resultados de esta investigación.

(ntx)