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“Peso neto” y “El deshabitado”, entre las recomendaciones literarias de esta semana

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1.- “Peso neto”, poemario de Cuauhtémoc Méndez: Con preámbulo de Elmer Werner y otras glosas de Ramón Méndez Estrada, esta edición de La Cartonera abre con el poema que da nombre al volumen, y a partir de ahí, transita por los caminos que lo marcaron: el amor a sus semejantes y a los que no lo fueron; la familia, y desfilan personajes como Marx, Freud, Mao, El Ché y el filósofo de Güemes.

Contestatario por convicción y rebelde desde que tuvo conciencia de la realidad nacional y mundial, esta obra publicada de manera póstuma muestra a un Cuauhtémoc Méndez que lo mismo arremete con cruda certeza contra quien cobijado por la política cambió su forma de ser, que contra subdirectores y directores de diarios que sucumben ante la publicidad.

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2.- “El deshabitado”, de Javier Sicilia: Donde el autor señala, con el dolor que un padre que perdió cruelmente a su hijo puede sentir, que hay experiencias tan brutales, “golpes como del odio de Dios”, que obligan a escribir sobre ellos. “El sorpresivo e infame asesinato de mi hijo Juan Francisco y de sus seis amigos fue uno de esos golpes”, acota el viejo poeta.

Un relato de profunda consideración biográfica pero construido como una novela. Una novela de pérdida, duelo y rabia que pone sobre la mesa la ilusión de unos cuantos de cambiar el país con las prácticas de la clase política y sus claroscuros. Ante esa pérdida todas sus certezas y su vida colapsaron. El hombre que era quedó roto… y deshabitado.

Con los restos de ese naufragio, al lado de amigos que reaccionaron al horror con toda la fuerza de su indignación, Sicilia fundó el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad, que recorrió México y Estados Unidos poniendo en la conciencia social el sufrimiento de las víctimas y su reclamo de justicia y de paz, y una propuesta para hacerlas posibles.

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3.- “Para insultar con propiedad. Diccionario de insultos”, de Pilar Montes de Oca: Una suerte de divertida guía que pone al alcance del lector más de 2000 insultos tomados de diccionarios, legajos, textos literarios, pasquines y de uso coloquial del habla para formar un diccionario que le hace honor al “Arte de insultar” y ayuda a hacerlo con propiedad.

Aprender a insultar es un arte, ya lo decía el gran Schopenhauer. Es el último recurso cuando las demás artes de la argumentación han fracasado, cuando no queda nada más que hacer o decir, ya sea porque reprobamos una conducta, porque somos perjudicados por una estupidez o porque, justo y de ninguna manera, no se entienden buenas razones.

No es necesario recurrir a las “palabrotas”, a expresiones rudas o al manoseado “¡Inga tu madre!”, en cada ocasión que se nos presenta, para poder resarcirnos o vengar una afrenta (aunque hay algunas que bien lo ameritan). Bien se puede recurrir al sarcasmo, a la ironía, a la elegancia y a la analogía para poder darle un giro cuántico a los insultos.

(ntx)