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El amor es ese sentimiento que mueve al mundo, las pasiones, las ilusiones y los deseos. Es necesario para la motivación personal y el sentido de la vida, pero en ocasiones, su necesidad excesiva puede llegar a convertirse en una adicción que no lo deja madurar y perturba totalmente la tranquilidad de quienes la padecen y de sus parejas.

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Hay adicciones muy conocidas como la ludopatía o la dependencia al alcohol, pero la del amor es apenas comentada. Lo cierto es que querer disfrutar de la vida con otra persona, y que la pareja sienta lo mismo por nosotros, no parece en absoluto una adicción, pero existe una diferencia inmensa entre querer amar, y ser un adicto al amor.

Aunque la psicología ha avanzado en el tema de las adicciones, la afectiva no ha sido tratada igual como a otras y existe un gran porcentaje de gente que tiene problemas derivados de una dependencia emocional extrema que les impide establecer relaciones amorosas y adecuadas.

Para que el amor madure y se convierta en verdadero, pasa por diferentes etapas como la amistad, admiración, atracción, el cariño y el enamoramiento; y durante cada una de ellas, la forma de manifestación es diferente y por lo mismo, las demandas y reacciones también lo son.

El adicto al amor, por lo general, es bastante celoso y posesivo, inseguro sobre la relación y muy sensible a las críticas que su pareja le pueda hacer. Tiene miedo al abandono, presiente en cada momento que podría suceder la temida ruptura, y es muy inseguro con la relación puesto que depende de ella, la necesita y no contempla su vida sin ella. Por lo general, en estos casos de dependencia la relación sólo tiene su fase buena y positiva en el comienzo, pero más adelante la relación se deteriora.

Al adicto al amor lo que le preocupa es mantener a su pareja con él y que el noviazgo no llegue a su fin. Está obsesionado con la idea de que esa persona a quien quiere, la pueda dejar y, si esto sucede, intenta reparar el error, o bien, reemplazar a la pareja por otra de una manera inmediata.

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Así, el pensamiento del adicto al amor gira alrededor de un ser amado. Quiere estar con él o ella por periodos cada vez más prolongados, lo controla, es incapaz de tomar decisiones por sí mismo, pierde estabilidad emocional y siente miedo de estar solo (a).

En las relaciones amorosas adictivas, unas suelen durar mucho debido al chantaje emocional; y otras duran muy poco, por la incapacidad de retener al ser amado, la persona adicta busca una relación con cualquier persona, con tal de sentirse segura.

El problema se agrava cuando la adicción al amor supone tener relaciones demasiado desequilibradas que nos lleven a humillarnos o aceptar situaciones inadmisibles con tal de no ser abandonados. De hecho, quienes mantienen relaciones tóxicas suelen ser aquellas adictas al amor.  Así que suele repetirse el patrón y siempre acaban con parejas que tienen similitudes con las anteriores.

Otro caso muy frecuente de adicción al amor, es el de las personas que necesitan sentir constantemente la sensación de estar enamorados, la pasión y emoción de los comienzos de una relación, lo que les impide comprometerse en una relación madura, estable y duradera.

Este tipo de adictos al amor también tiene un problema de autoestima; necesitan sentir que el otro les quiere, que están completamente enamorados y les consideran el centro de sus vidas. Esto suele dar lugar a relaciones tormentosas e inmaduras de las que no se suele salir fácilmente.

Para poder controlar esta adicción y aprender a manejar los sentimientos, es necesario recibir ayuda profesional, ya que la persona que es adicta al amor tiene el riesgo de meterse con personas que no convienen, sacrificando y entregando todo lo que tiene, justificando todos los errores y aún la violencia y los desengaños. El abandono les ocasiona graves depresiones que pueden incluso llevarlos al suicidio, por ello es importante también que el adicto al amor participe en grupos de apoyo.

En el proceso de recuperación debe aprender a valorarse, reconstruir su autoestima y dominar su situación individual para poder brindarle espacio al otro y convivir con independencia o si es el caso, aprender a vivir del amor de otra forma.