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La amistad, como nos consta a todos, es una de las relaciones interpersonales más comunes e importantes que tenemos. La amistad se da en distintas etapas de la vida: desde la niñez, pasando por la adolescencia y juventud, en la universidad, en el trabajo, en el deporte, al practicar una actividad o afición común o al vivir cerca en la misma área; y en diferentes grados de importancia y trascendencia. Hay amistades que nacen casi instantáneamente y otras que tardan años en consolidarse. Hay amistades que duran poco tiempo y otras que duran toda la vida.

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Toda amistad está basada en la confianza, lealtad, fidelidad, comprensión, el interés mutuo, generosidad, honestidad, respeto. Entre amigos nos podemos comunicar nuestros pensamientos y sentimientos, compartir nuestras alegrías y tristezas y en momentos difíciles, podemos recibir una ayuda o un consejo valioso para solucionar algunos de nuestros problemas. Mejor aún, podemos compartir nuestra felicidad y desarrollo personal mutuo.

Al relacionarnos sentimentalmente con alguien de alguna u otra manera, también nos involucramos con la gente que le rodea, como sus amigos, los cuales pueden formar parte de nuestro círculo de amistades o, por el contrario, representar un verdadero problema para la relación.

Claro, también hay de amigos a amigos: están los que no se meten en la relación, otros quienes ni siquiera toman en cuenta a la pareja, aquellos que enseguida se apuntan como si los incluyera a ellos, los celosos que intentan separarlos y los que se quieren pasar de listos seduciendo a la pareja de su amigo.

Antes de que pase por nuestra mente un plan para eliminarlos del camino, debemos pensar que ellos son parte importante en la vida de nuestra pareja porque son sus confidentes y con quienes comparte intereses comunes, así que es mejor actuar con asertividad y madurez.

También, hay que reflexionar acerca de la razón por la que sentimos antiapatía ante un amigo en específico, pues tal vez él no sea el problema sino uno mismo, ya que en sus amigos simplemente se está reflejando un lado de la pareja que no queremos o tememos afrontar, disfrazándolo como un rechazo hacia ellos.

Habrá circunstancias en la vida que pondrán a prueba nuestra tolerancia y los amigos de nuestra pareja pueden ser una de ellas. Para salir bien librado de cualquier circunstancia, hay un elemento que es de suma importancia: la comunicación.

Si los amigos de nuestra pareja no nos toman en cuenta o son cizañosos, hay que plantearle a nuestra pareja nuestro sentir. Hay que ser del todo honestos y decirle que nos sentimos excluídos. En caso de los amigos que intentan convencer de que el tener pareja es un dolor de cabeza, lo mejor es tratar de demostrar que queremos sinceramente al amigo que “están perdiendo”, pero, sobre todo, que no se intenta desplazar a nadie. Si a pesar de todo, no logramos llevarnos bien, tendríamos que comentarlo a la pareja.

También tenemos que tener en cuenta que con el paso del tiempo, esto va cambiando; los amigos también evolucionarán, comenzarán a perderse las salidas diarias. Todo ello forma parte de la evolución de la pareja y hay que aceptarlo así. Si uno de los miembros sigue en esa dinámica, puede suceder que el otro no esté en la misma onda y se desconecten.

El afán por no perder las amistades o por que no nos encasillen como aburridos, puede hacer que una persona dedique mucho tiempo a las amistades y deje de lado a su pareja. Está claro que tendrá que priorizar o distribuir el tiempo, de tal manera que todos estén satisfechos.

Los extremos nunca son buenos, no es necesario volcar nuestra vida en nuestra pareja, pero tampoco dejarla de lado al 100 por ciento. Hay que tener en cuenta que lo que hoy es algo seguro, mañana puede desaparecer si no lo cuidamos.