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Desde el oriente hasta el occidente y a través de los siglos en los que se tiene registro de la existencia humana, el tema de la muerte ocupa y preocupa a propios y extraños. Cada religión responde de acuerdo con sus propios preceptos: reencarnación, el Nirvana, cielo o infierno; asimismo, la ciencia hace lo suyo.

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Lo que suceda después de la muerte sigue en discusión, lo que no está en tela de juicio es lo que pasa con el cuerpo al morir: “Polvo eres y en polvo te convertirás”, dice el Génesis 3:19. Biológicamente esta cita se explica por los 60 elementos químicos aproximados de los que se compone el cuerpo humano, siendo el carbono, hidrógeno, oxígeno, nitrógeno, fósforo y azufre (Chonps) los bioelementos principales que lo constituyen.

Para algunas personas, la sepultura o cremación ya no es una opción para sus cuerpos una vez que la muerte los alcance, entonces ¿qué pasará con el cuerpo cuando muera? Ahora hay una nueva opción, se trata de la donación del cuerpo con fines de investigación docente.

Esto es posible con el Programa de Donación de Cuerpos que la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) creó este año y que al momento lleva alrededor de 50 donadores registrados en su lista.

El Programa de Donación de Cuerpos se conforma por un grupo especializado de académicos que tienen el compromiso de impulsar, desarrollar y generar conocimientos en materia de ciencias médicas y forenses, por lo que aseguran un trato ético de los cuerpos, siguiendo las normas establecidas por la ley y respaldados por la Facultad de Medicina de la UNAM; a nivel nacional es el primero en su tipo y tercero en América Latina.

En México, el Servicio Médico Forense (Semefo) indica que por ley se tiene un periodo de 72 horas para reclamar un cadáver, pasado este tiempo son trasladados a una fosa común. Pese a esta normatividad, los cadáveres llegan a permanecer en cámaras de refrigeración hasta cuatro semanas con el fin de que los familiares localicen su paradero, pero algunos cuantos que no son reclamados son enviados a las facultades para su estudio.

Con este nuevo Programa se busca que autónomamente la persona decida qué hacer con su cuerpo y que en el futuro todos los cadáveres que resguarden las facultades sean de personas que decidieron dar su cuerpo al estudio como un acto altruista.

El programa resalta de manera enfática que el cuerpo del fallecido siempre será tratado con respeto y dignidad, además de garantizar el anonimato de las personas donantes, tanto antes como después del fallecimiento, y destaca que es importante que la decisión del donante conlleve la responsabilidad de comunicar con tiempo su determinación y solicitar la colaboración de sus familiares y allegados, así como a las unidades médicas en caso de hospitalización.

Cabe resaltar que la utilización de cadáveres con fines de docencia e investigación se encuentra específicamente contemplada en los artículos 350 bis 3 y 350 bis 4 de la Ley General de Salud, así como su reglamento.

Fomentar una cultura como la de la donación es aportar con solidaridad para dar vida a otras personas, no solo en la donación de órganos sino también en aquella que busca la transmisión y perfeccionamiento de la ciencia médica a través de la investigación.

Si deseas conocer los requisitos y mayores detalles del programa de donación de cuerpos, da clic aquí.

Fuente: Agencia Conacyt