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Casacas autografiadas por grandes estrellas del futbol mundial como Diego Maradona, Lionel Messi o Pelé, réplicas de varias copas como la Libertadores y otros objetos deportivos regalados al Papa, se convirtieron en una de las atracciones más fotografiadas de los Museos Vaticanos.

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A pocos metros de famosos tesoros artísticos del Renacimiento, una vitrina futbolera capta constantemente la atención de los más de 15 mil visitantes que, día tras día, atraviesan las puertas de ese complejo cultural.

“A los ojos de un profano podría parecer sorprendente ver la Capilla Sixtina con los frescos de Miguel Ángel y encontrar, más allá, una casaca de futbol, pero el arte debe tener un valor social fuerte: hacer comprender todo aquello que la humanidad puede realizar en sentido positivo”, explicó Sandro Barbagallo.

“Estos objetos comunican de manera directa ese valor social del arte, aunque no tengan un específico valor desde el punto de vista artístico”, reconoció en entrevista el curador de la colección histórica de los Museos Vaticanos.

Tocó a él encargarse personalmente de montar esa vitrina, ubicada justo antes del ingreso a la Colección Etnológica de los museos papales. La decisión de exhibir esas peculiares piezas llegó tras leer el discurso de Francisco a los jugadores de las selecciones de Argentina e Italia.

En agosto de 2013 esos equipos se enfrentaron en un partido amistoso en el Estadio Olímpico de Roma, pero el día previo al cotejo los futbolistas fueron recibidos por el Papa en el Vaticano.

En esa ocasión, Jorge Mario Bergoglio recibió las casacas de ambas selecciones con las firmas de todos los jugadores, un balón que le entregó el capitán italiano Gianluigi Buffon y otros objetos.

“Todas esas cosas llegaron aquí por deseo del Papa y cuando las vi me pregunté qué debía hacer. Leyendo el texto de su discurso en esa audiencia me convencí que sería útil realizar la vitrina”, añadió Barbagallo.

El mensaje de Francisco en esa ocasión trascendió el futbol y se concentró en la importancia del deporte como acontecimiento cultural, un detalle que también notó el curador vaticano.

Aunque no ocupa un lugar privilegiado y está ubicada bajando unas escaleras, justo en la salida a unos baños externos, la vitrina causa sensación entre los turistas y curiosos.

Son pocos los visitantes que no se detienen a admirar los obsequios, que incluyen también diversas casacas y otros accesorios relacionados con la historia de San Lorenzo de Almagro, el equipo argentino que sigue desde su infancia el Papa.

Entre ellos destacan un silbato con el cual se pitó un partido de 1946, temporada en que los “cuervos” salieron campeones de la primera división, y una copia de la revista “El Gráfico” de ese mismo año con el “trío de oro” en la portada, la delantera letal formada por René Pontoni, Rinaldo Martino y Armando Farro.

Además de un banderín del equipo en 1950, la credencial de socio honorario a nombre del Papa Francisco y los guantes de Sebastián Torrico, aquellos que usó el portero para realizar una espectacular parada en el último minuto del partido, que permitió a San Lorenzo salir campeón de Argentina en diciembre de 2013.

La misma vitrina exhibe copias exactas de ese trofeo, de la Copa Miguel Sánchez, ganada también en 2013, y de la Copa Libertadores de América, obtenida en 2014 por primera vez en la historia del club.

Otras perlas de la exhibición son una pelota autografiada de Brasil, un ejemplar del primer balón de cuero con válvula de aire usado en el balompié argentino, además de un par de zapatos oficiales de la selección argentina personalizados con la inscripción “Papa Francisco”.

“La misión de los Museos Vaticanos no es coleccionar estas obras en modo convulsivo con el objetivo de decir: ¡tengo esto! ¡Tengo lo otro! La misión es evangelizar a través de estas obras. Si la evangelización pasa por Miguel Ángel o una vitrina con playeras, todo es positivo siempre que el mensaje llegue”, apuntó.

(ntx)