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Un eterno dilema aparece siempre que uno está saliendo con una persona: ¿Quién debe pagar la cuenta? ¿El hombre o la mujer? ¿El que propone la comida o el que la acepta? ¿El que gana más? ¿Y cómo se sabe quién gana más? Este es uno de los temas en el que corren ríos de tinta y sobre el que no hay acuerdo.

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El dinero parece ser una de las materias más relevantes para las parejas modernas, al mismo tiempo que es un tema delicado e incómodo. Este tópico usualmente no entra en una conversación hasta que llega la cuenta a la mesa y, para muchos hombres y mujeres, es el momento definitivo para saber si volverán a estar en una cita juntos o no.

En tiempos de las abuelitas, el hombre era el único proveedor y el pilar económico del hogar, así que los roles de cada género estaban bien delimitados. Durante el cortejo, el varón se hacía cargo de todos los costos económicos. Con esto venía una serie de privilegios para el hombre, entre los que se encontraba el poder para decidir unilateralmente sobre las finanzas de la familia, porque las mujeres no aportaban económicamente.

Con el tiempo, el sector femenino entró al mercado laboral y comenzó a obtener recursos económicos. Así, ya no dependía de los hombres y comenzó la igualdad de condiciones. Las feministas más recalcitrantes exigieron su derecho de hacer lo mismo que los hombres, incluso de pagar las cuentas, porque reconocieron que de allí derivaba el poder de decisión. No hay que ser un genio para saber que el dinero otorga poder a quien lo maneja.

Con esto, la modernidad ha obligado a que la caballerosidad tenga algunos cambios interesantes. Aunque en México hay un sector que todavía piensa que el hombre es quien debe correr con los gastos, cada vez hay más mujeres que, por su formación y estilo de vida, ya no esperan que el galán pague todo y plantean la posibilidad de que cada quien pague su consumo; inclusive en algunos casos, pagan la totalidad de la cuenta.

Aquí entra un nuevo dilema, pues desde pequeños, gran parte de la identidad de un hombre está ligada al sentido de protección. Hay nuevas generaciones de hombres que, si bien se sienten cómodos pagando la cuenta en las primeras salidas, también esperan que más adelante la mujer empiece a compartir los gastos, lo cual genera un conflicto sobre cuál es el papel que juega en la parte económica dentro de la relación.

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La razón por la cual los hombres están esperando que las chicas empiecen a cooperar monetariamente es obvia; los cambios drásticos en los roles de cada género han ayudado a que las mujeres no solamente se vean diferentes sino que también, piensen de forma distinta.

Sin embargo, existe un sector femenino que aún se resiste a recibir la igualdad de género con los brazos abiertos y acepta aquello que le conviene. Para muestra basta un botón. Una encuesta realizada por NBC News arrojó que mientras el 60 por ciento de las mujeres aceptaron que sí ofrecerían su dinero en una cita, casi el 40 por ciento admitió que secretamente esperan que su dinero sea rechazado. Pero no sólo eso, sino que el 44 por ciento indicó que se sentía mal si el hombre aceptaba el dinero o si lo rechazaba. Se presenta un nuevo dilema: ¿Quién entiende a las mujeres?

Partiendo del punto de que el tema del dinero es incómodo, con esta encuesta también se comprobó que el 44 por ciento de los hombres dejaría a una mujer que jamás ofreció su dinero y el 32 por ciento de las chicas simplemente no se quedaría con un hombre que las hiciera pagar. Menudo conflicto.

Pero entonces, ¿qué hacer para evitar llegar a este conflicto? Básicamente, partir del punto que son una pareja en donde debe existir un balance. El establecer, por decir de algún modo, reglas de quién va asumir el pago de la cuenta, habla de cómo podría ser la relación emocional entre dos personas en el futuro. La manera en que una mujer y un hombre manejen su dinero también expresa su manera de pensar, creencias y hasta la forma en que se van a tratar.