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La Quemada es una zona arqueológica localizada en el Municipio de Villanueva, en el estado de Zacatecas, a 56 kilómetros al sur de la ciudad de Zacatecas; ha sido asociada con el mítico Chicomoztoc, en donde los Aztecas permanecieron nueve años durante su viaje al Valle del Anáhuac, aunque no hay datos concluyentes al respecto.

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Dada la distancia existente entre La Quemada y el centro de Mesoamérica, esta zona arqueológica ha sido objeto de distintas interpretaciones por parte de historiadores y arqueólogos, quienes han intentado correlacionarla con distintas culturas.

Algunos han pensado que este lugar pudo ser el legendario Chicomoztoc. Más plausiblemente, se le considera que a lo largo de varias etapas, habiendo sido un enclave teotihuacano, pasó a ser un emporio tolteca que fungía como bastión contra chichimecas intrusos, y más tarde se convirtió en un sitio Caxcán o, simplemente, en capital de todos los grupos indígenas asentados al norte del río Grande de Santiago.

En 1615, fray Juan Torquemada la identificó como uno de los lugares visitados por los Aztecas en su migración hacia la cuenca de México, donde dejaron ancianos y niños, y en 1780, el historiador y religioso Clavijero, asoció este lugar con Chicomostoc, lo que dio paso a la tradición popular que identifica a La Quemada con el lugar mítico llamado “Las Siete Cuevas”.

Los trabajos arqueológicos llevados a cabo en la zona en los años ochenta, han permitido conocer que los antiguos habitantes de La Quemad” se establecieron en el Valle de Malpaso, actual territorio del municipio de Villanueva, entre los años 350/400 al 1150 de nuestra era, teniendo su máximo apogeo entre el 600 al 850 d.C., convirtiéndose en un centro rector que logró concentrar en su entorno 220 asentamientos con funciones y tamaños distintos.

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La Quemada representa el asentamiento monumental más relevante en el centro norte de México por su arquitectura. En el lugar existe un gran salón de Columnas con su plaza, una cancha para el juego de pelota grande en forma tradicional de “I”, y un basamento piramidal denominada pirámide Votiva. El resto del cerro fue adecuado con grande terrazas para nivelar y construir varias plazas y grande salones.

La red de calzadas prehispánicas que comunica con los asentamientos menores a su alrededor es una manifestación de su poder y control, por las cuales circulaban los tributos y recursos que sostenía a la población así como las procesiones para honrar a sus deidades.

Para conocer y disfrutar mejor la cultura y los singulares paisajes zacatecanos, bien vale la pena dedicar un día para visitar esta zona arqueológica. Además, cuenta con un museo que complementa la información del sitio.