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La adolescencia es una etapa que nos define y nos marca. Es el momento en el que comenzamos a delinear nuestra personalidad, nuestros gustos e intereses y esta búsqueda de identidad nos obliga a dejar a nuestros padres de lado, pues queremos generar nuestra propia visión de nosotros mismos, independiente de la familia; en cambio, buscamos la aceptación de nuestros similares en este deseo de querer formar parte del grupo.

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Los adolescentes necesitan tener un sentido de pertenencia para sentirse bien acerca de quiénes son. Las personas que no tienen al menos unos pocos amigos cercanos sufren de aislamiento, inseguridad y una pobre imagen de sí mismos. Los chicos obtienen gran parte de su identidad a partir de las personas con quienes pasan más tiempo porque éstas a menudo reflejan intereses y creencias similares.

Por principio de cuenta, ningún adolescente quiere ser dejado fuera y en esta época casi siempre buscamos agradar a nuestros compañeros. La presión para lograrlo puede obligarnos a hacer cosas que van en contra de lo que pensamos solo por ser parte del grupo.

Más que cualquier figura de autoridad, nuestros compañeros tienen gran influencia sobre nosotros. Y en este deseo de ser aceptado puede llevarnos a experimentar comportamientos peligrosos que podrían incluir drogas, alcohol, modificación en los hábitos alimenticios o sexo no protegido.

Existen factores en los menores que les hacen ser más vulnerables a la presión del grupo social como la falta de habilidades sociales o precariedad de éstas, que le den confianza a la hora de expresar sus opiniones y de hacerse entender delante de los demás; la baja percepción del riesgo, que es algo generalizado en la etapa adolescente, con lo que piensan que ellos tienen el control total de lo que les puede ocurrir; la falta de comunicación o comunicación inadecuada con los padres; el establecimiento de límites y de normas inadecuadas en el hogar o la necesidad o tendencia al riesgo, que les lleva a experimentar y a dejarse influir sin medir las consecuencias de sus actos.

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Para lidiar con la presión del grupo y evitar las influencias negativas hay que fortalecer nuestra autoestima, reconociendo nuestros logros y nuestras limitaciones. Además, aunque en esta época casi siempre estamos en contra de los adultos, es bueno dejar abiertos los canales de comunicación, asegurando la confianza necesaria así como la privacidad que se requiere.

En el caso de los padres, es importante estar al pendiente de los hijos adolescentes, pues un cambio drástico de su comportamiento puede indicar que están siendo presionados a realizar cosas que realmente no quieren hacer. También, hay que estar actualizados en las “nuevas modas” de los adolescentes para poder detectar los peligros y ayudarles a entender que no deben ceder ante la presión del grupo para encajar.

Sobretodo, es esencial que sepan reconocer que muchas veces el pertenecer a algún grupo resulta mucho más difícil que la no pertenencia. Ser diferente al grupo tiene otras recompensas.