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En lo que hoy es el Edificio Ipiña, ubicado en la avenida Venustiano Carranza esquina con Damián Carmona, frente a la Plaza de los Fundadores, en San Luis Potosí, era un lugar donde recluían a personas que la Inquisición interrogaba y torturaba por herejía, brujería y hechicería.

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Una mujer conocida como La Maltos habitó en ese lugar, debido a que se decía que practicaba magia negra y espiritismo. Por irónico que parezca, la Maltos era inquisidora, ella aplicaba el tormento a todas las personas que se decía practicaban las artes obscuras, aplicándoles tormentos, y algunas veces esas personas eran asesinadas en las mazmorras del edificio a causa de la crueldad de esta mujer.

La gente de renombre, políticos, personas de la iglesia y la población en general, le tenían mucho temor y respeto, ya que tenía el poder de perjudicar a quien ella quisiera, por lo que era mejor no ser enemigo de ella.

Pero un día La Maltos cometió un grave error al sacrificar a dos personas de mucha influencia política y económica. Entonces el alto mando inquisidor mandó arrestarla. La policía rodeó la casa obligándola a refugiarse en su amplia habitación.

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En ella, trazo en la pared primero los contornos de una carroza, luego las ruedas, la portezuela y dos grifos gigantescos que la jalaban; al conjuro de unas palabras cabalísticas, la carroza parecía moverse.

Sonriendo, la Maltos volteó hacia las autoridades diciéndoles: “Os invito a que viajéis conmigo por lo ancho y largo de los continentes conocidos”. Ante la mirada estupefacta de los hombres armados, que permanecían como clavados en el piso, subió ágilmente y la carroza se fue perdiendo en un horizonte sin límites, sacando enormes chispas de fuego, envuelta en llamas. Nunca más se volvió a saber de la Maltos.

Hoy en día se cuenta que en el estacionamiento del edificio se ha visto a un niño corriendo, es chiquito y casi no se le mira ropa. Siempre anda riendo. Luego corre y atraviesa la puerta que lleva hacia adentro. También se escuchan los taconazos de una mujer, de la cual solo se ve un bulto que atraviesa todo el estacionamiento, cruza la calle y se mete en la casa de enfrente donde estuvieron antes las oficinas de Turismo.