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La imagen que se tiene del testamento es la de un hombre en su lecho de muerte y alrededor de él su esposa e hijos, el sacerdote y el notario, quien debe dejar por escrito los últimos deseos del moribundo. 

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La asociación de la muerte con el testamento resulta en que las personas piensen que éste se debe hacer cuando esté cercano el fallecimiento, pero debería ser al contrario. Es mejor hacerlo en un momento donde nuestra mente esté lúcida y no haya duda de nuestra voluntad.

Que es un asunto que no resulta nada agradable, eso sin duda pero es un aspecto de vital importancia que debe llevarse a cabo en vida y hay que hacerlo desde que se tiene algo que heredar y una persona a quien dejárselo.

Ahora, muchos son los casos en que una persona que finalmente muere, no tiene testamento y con ello, llegan problemas para el intestado, haciendo de esta situación un verdadero conflicto legal y fiscal que deberán llevar los deudos entre trámites y malos ratos, eso sin contar la parte emocional que conlleva.

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Cuando una persona deja su testamento hecho ante notario manifiesta su intención y por lo general, se respeta la voluntad del testador, aunque habrá quienes busquen la manera de conseguir lo que quieren.

Entre los beneficios de tener un testamento está el de proteger lo que es nuestro, evitando que aquello que logramos construir durante nuestra vida caiga en manos equivocadas, así como dar certidumbre de que nuestros bienes servirán para el propósito para el que fueron edificados.

Cuando no se tiene este recurso, estamos dejando la decisión del futuro de nuestros bienes en manos de un juez, que podría durar varios años. Además, si no tenemos herederos legales y nadie reclama nuestros bienes, éstos podrían pasar a manos del Estado.

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También, es un mecanismo de protección para nuestra familia, y les permite continuar con su vida sin preocuparse sobre qué sucederá con su casa o con el dinero que se tiene ahorrado.

Si ya estamos pensando en hacer nuestro testamento, lo mejor es asesorarse por un notario público, él es la persona indicada para establecer las capitulaciones en el formato adecuado a la ley y teniendo en cuenta aspectos tan fundamentales como los porcentajes de reparto y la incidencia fiscal.

Hay que tener claro que hacer un testamento no significa que nos estamos preparando para morir. Por el contrario, significa que te importa que tu patrimonio quede como debe ser: ordenado.