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Muchas personas cuentan la historia sobre el Puente de los Duendes, que tiene sus orígenes en Puebla, donde los lugareños son advertidos desde niños sobre la peligrosidad de un lugar en medio de la sierra, por el que duendes arrastran a la gente hasta llevarlos debajo de un puente.

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La leyenda cuenta que un hombre regresaba de la fiesta del pueblo algo pasado de copas y para combatir un poco el frío, en medio de la noche se le ocurrió ir a buscar leña. La única que pudo encontrar estaba cerca del tan temido puente.

Sabiendo las desgracias que al puente se le atribuían procuró estar lo más pronto posible de regreso, solo tomó un par de palos tan rápido como pudo, pero al dar vuelta, vio entre los matorrales una gallina grande y gorda. Parecía que no pertenecía a nadie porque la gente acostumbraba guardar los animales en sus corrales por temor a lobos o coyotes.

El hombre se dispuso a capturarla y la siguió entre los matorrales. Aunque la gallina era muy lenta, era escurridiza y con la idea de tenerla en la mesa para la cena, el hombre no desistió de su intento, hasta que se dio cuenta, que la gallina se detuvo justamente en un extremo del puente.

Demasiado asustado y con intención de correr, no pudo hacerlo y sentía todo el cuerpo adormecido. Se dio cuenta de que era conducido contra su voluntad hacia abajo del puente, donde se escuchaban algunas risas y cuchicheos.

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En ese momento pudo ver que aquella gallina regordeta, se convertía en un hombrecillo de menos de un metro, que lo veía fijamente con una risa malintencionada. Oyéndose gritos y gemidos de dolor, el hombre pudo salir un segundo de su trance, tomando el control de su mano para hacerla señal de la cruz y diciendo estas palabras: “Padre nuestro, si mi carne es para los demonios, al menos deja que mi alma esté contigo en el paraíso”.

Las criaturitas chillaron en reacción y queriendo abalanzarse sobre él, se le fueron encima, pero afortunadamente el hombre pudo escapar corriendo, gracias a sus palabras.

Al siguiente día al despertar, pensaba que todo había sido un mal sueño, pero un intenso dolor lo hizo voltear hacia sus piernas, las cuales tenía desgarradas y ensangrentadas, y al levantarse vio un camino de plumas cubiertas de sangre que marcaban el camino hacia el puente.