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La cercanía entre compañeros de trabajo es un fenómeno natural que deriva de la convivencia diaria. Sin embargo, cuando esto se convierte en una relación amorosa, ¿cómo debe tomarlo la empresa?

romance oficina empleo

Existen dos tendencias empresariales para regular los romances de oficina:

1. El criterio amplio: Consiste en permitir, bajo el ojo discretamente observador de Recursos Humanos, las relaciones amorosas entre los colaboradores. Regularmente sucede que, ante la falta de prohibición expresa de mantener un vínculo sentimental al interior de la plantilla laboral, la empresa tolera que esto suceda. En algunas organizaciones es común que su gente encuentre pareja en el centro de trabajo.

La ventaja de este contexto es que se da un voto de confianza a los colaboradores, con lo que no se duda de su capacidad de comportarse profesionalmente (a pesar del vínculo amoroso establecido). Adicionalmente, las empresas que permiten los romances de oficina aseguran que la productividad de los involucrados puede aumentar hasta en un 40% debido a la motivación que implica tener una pareja en la misma organización y también por el hecho de compartir retos y logros profesionales de manera más cercana.

2. El criterio estricto: Por otro lado, encontramos a los corporativos que establecen una prohibición expresa de mantener cualquier clase de relación afectiva entre sus colaboradores.

La medida obedece al riesgo de que el vínculo genere conflicto de intereses con la organización, se reduzca la atención y enfoque al trabajo, así como la posibilidad de caer en actos de indisciplina. Para este sector, es preferible ser muy claro con lo que se espera de los colaboradores, aunque eso signifique poner medidas que atañen al aspecto más íntimo de las personas.

¿Y que se recomienda para el colaborador?

Tratándose de las personas que pudieran estar (o ya estén) involucradas en una relación de noviazgo con un colaborador existen ciertas recomendaciones a seguir:

Investigar cuál es el criterio que opera en la empresa en la que trabajan. En caso de aplicar la política prohibitiva, conviene dar aviso de inmediato al responsable de Recursos Humanos y tener en cuenta que se generarán consecuencias para los enamorados. Si la relación tratara de esconderse, podría interpretarse como una contravención al deber de honestidad con el empleador.

Separar claramente los temas de pareja de los de trabajo, en el supuesto de que la corporación tolere el noviazgo. El pecado capital de estas relaciones (y frecuentemente causa de rupturas) es la mezcla de intereses. Lo mejor que se puede intentar es seguir tratándose como colaboradores dentro del centro laboral y como pareja fuera de la empresa.

Mantener una actitud profesional ante la nueva relación, pero, sobre todo, ante la compañía. Esto significa que el comportamiento de los enamorados debe ser, frente a todo, el que la empresa espera. No por ser negativos, pero vale la pena considerar que todas las relaciones conllevan el riesgo de una ruptura. Y, en caso de que eso suceda, hay que contemplar que la expareja seguirá trabajando en la empresa que los unió. Así que habrá que considerar si los (ahora) enamorados podrían manejar individualmente este escenario.

Bien se dice que “en el corazón no se manda”, así que en algunas ocasiones tener un “noviazgo de oficina” es una cuestión de sentimientos y no sólo de la razón. Por ello, es importante que las empresas estén preparadas para el caso de que sus colaboradores lleguen a sentir los efectos de Cupido.

Fuente: Adecco