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Fray Servando Teresa de Mier fue un defensor a ultranza de la Independencia y en términos más amplios de la libertad, un historiador atípico y personaje clave en la construcción del México independiente.

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En esencia, el padre Mier fue un rebelde que negó el mito guadalupano y se opuso al dominio de España, un apasionado por sus ideas que le valieron la cárcel, el exilio, y un defensor de la libertad,

Miembro de una familia de la alta burguesía criolla, Mier nació el 18 de octubre de 1765 en Monterrey y en 1780, forzado por el ambiente familiar, se trasladó a México para ingresar en el convento de los dominicos y más tarde en el Colegio de Porta Celi, donde estudió filosofía y teología.

Durante los años siguientes gozó de cierto renombre y se hizo famoso como predicador, especialmente cuando el 8 de noviembre de 1794 pronunció una “oración fúnebre” por Hernán Cortés que llamó vivamente la atención.

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Un mes más tarde, el 12 de diciembre, fecha de la celebración de la Virgen de Guadalupe, en la propia Colegiata de Guadalupe, pronunció un célebre sermón en el que rechazaba las tradiciones sobre las apariciones de la Virgen, poniendo en duda su veracidad, lo que le valió ser desterrado a España.

Ahí, permaneció preso en Santander y al ser trasladado a Madrid, huyó para ser descubierto y enviado a la cárcel de Burgos de donde se escapó. Fue entonces que decidió abandonar la orden dominica y seculariarse en París, en 1802. Regresó a Madrid y es apresado de nuevo por sus discursos en defensa de la independencia de la Nueva España. Más tarde el papa lo liberó como recompensa por haber sido capaz de convertir a dos rabinos al catolicismo.

Luego de una travesía, en Londres convenció a Francisco Javier Mina de luchar contra el rey de España desde México. Consumada la Independencia volvió a México, pero fue detenido y enviado a San Juan de Ulúa.

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Enemigo de Iturbide fue encarcelado en el convento de Santo Domingo, en la Ciudad de México del que también se fuga, por séptima vez y cerca de su muerte, Fray Servando invitó a sus amigos a una fiesta, donde pronunció un discurso justificando su vida y opiniones, y pocos días después, murió.

Fue enterrado con honores en la cripta del antiguo convento de Santo Domingo de la ciudad de México. En 1861 su cuerpo fue exhumado y se momificó. Posteriormente su momia fue vendida y al día de hoy, se desconoce el paradero de sus restos de Servando Teresa de Mier, aunque se cree que están expuestos en una de las 365 capillas ubicadas en Cholula.

Su nombre está escrito en letras de oro en los muros de la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión.