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No sólo es una de las presas más grandes del país, sino que bajo ella yace lo que fue el antiguo pueblo de Padilla en donde fusilaron a Agustín de Iturbide en 1824.

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En la presa Las Adjuntas o Vicente Guerrero todavía se aprecian restos de antiguos edificios que sobresalen por la superficie; sin embargo, lo que le da más fama a la presa y popularidad entre pescadores nacionales y extranjeros, es la posibilidad de capturar enormes lobinas negras.

Hacia la década de 1960 la cuenca del río Purificación-Soto la Marina se mantenía ajena a ser afectada por las grandes obras de infraestructura que habían caracterizado toda una intensa política hidráulica del gobierno federal. En todo ese tiempo se privilegió la elección de los sitios que por obviedad geográfica resultaban capaces de la construcción de enormes presas de contención de aguas.

La construcción de la presa Las Adjuntas, que era el nombre popular que los lugareños le habían dado a la confluencia de los ríos Purificación y Santa Engracia, obedecía también al llamado Plan Hidráulico del Golfo de México, cuyo objetivo era la redistribución de las aguas de los ríos de Tamaulipas, que se complementaría con la construcción de otras dos presas.

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Las Adjuntas fue construida sobre la boca del cañón de la Iglesia de los Indios y se aprovechó el gran cuenco topográfico que le proporcionaba el fondo del valle que se forma en el centro de Tamaulipas, a donde confluían todas las corrientes fluviales para integrarse en una sola.

La inauguración de la presa fue el 27 de septiembre de 1971 y el gobierno federal le confirió el título oficial de “Presa Vicente Guerrero”, además de que el acto oficial se celebró como parte de una conmemoración de los 150 años de la consumación de la independencia nacional.

Hoy, Las Adjuntas es el sexto mayor embalse de México con una capacidad de albergar tres mil 900 hectómetros cúbicos de agua, abarcando una superficie aproximada de 39 mil hectáreas.