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Dos ladrones armados escogieron el peor día y el peor negocio para cometer un robo. Sucedió en una franquicia de McDonald’s en la comuna de Besançon, al este de Francia.

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Los delincuentes entraron a última hora del día cuando en el lugar cenaban unas 40 personas, entre ellas 11 policías de los cuerpos de élite, que estaban fuera de servicio, vestidos con ropa civil y que pertenecían al Grupo de Intervención de la Gendarmería Nacional, especializados en la lucha contra el terrorismo y rescate de rehenes.

Los clientes oyeron unas detonaciones que provenían del exterior. Asustados, pensaron que se trataba de una atentado terrorista. Luego entraron los asaltantes en el local, que dispararon al aire y vaciaron el contenido de las cajas.

Los policías decidieron no actuar mientras se estaba cometiendo el asalto para no poner en riesgo la vida de los clientes y esperaron a que salieran del establecimiento.

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Los agentes iniciaron inmediatamente la persecución de los delincuentes y en el estacionamiento les ordenaron tirar las armas. El que los ladrones no estuvieran en su día de suerte quedó aún más patente por el hecho de que uno de ellos, que llevaba el botín, se tropezó con las prisas, lo que facilitó su captura.

Ambos delincuentes acabaron en el hospital y se enfrentarán a cargos de robo a mano armada y con violencia.