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Imagina que sufres un accidente y pierdes la sensibilidad en tus brazos y dedos. Ahora piensa que la vuelves a recuperar, una década después, a través de un brazo robótico conectado directamente a tu cerebro.

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Eso es lo que ha experimentado el estadounidense Nathan Copeland, de 28 años de edad, tras someterse a un implante cerebral, y después, ser conectado a una interfaz cerebro-computador desarrollada por investigadores de la Universidad de Pittsburgh (EE UU).

La magia opera mediante microelectrodos implantados en la corteza somatosensorial, cuya estimulación genera sensaciones como si fueran las de su propia mano.

El nuevo avance es la continuación de otros anteriores conseguidos por el mismo equipo. Hace cuatro años, ayudaron a Jan Scheuermann, una mujer tetrapléjica por una enfermedad degenerativa, a recoger objetos como una tableta de chocolate, mediante un brazo robótico controlado mentalmente.

Pero los investigadores recuerdan que la forma en que nuestros brazos se mueven de forma natural e interaccionan con el entorno va más allá de pensar y mover los músculos correctos. Interviene el tacto, gracias al cual somos capaces de distinguir entre un pastel y una lata de refresco, que agarramos con distinta presión.

Ese ha sido el siguiente paso de los investigadores: conseguir el tacto, lo que lograron perfeccionando su sistema para que los inputs o entradas del brazo robótico se transmitieran por los microelectrodos implantados en el cerebro, justo donde se localizan las neuronas que controlan el movimiento de la mano y el tacto.

Nathan sufrió un accidente de tráfico, en el que se rompió el cuello y se lesionó la médula espinal. Una cuadriplejia inhabilitó su cuerpo desde la parte superior del pecho hacia abajo. Desde entonces fue incapaz de sentir o mover la parte inferior de sus brazos y sus piernas, y necesitó asistencia en todas sus actividades diarias.

Casi una década más tarde, los científicos de Pittsburgh le propusieron participar en su estudio. Tras pasar diversas pruebas, Nathan fue operado la primavera pasada.

“Puedo sentir casi todos los dedos; es una sensación extraña”, comentó Nathan alrededor de un mes después de la cirugía. Cuando los científicos mueven los dedos del brazo robótico, su tasa de acierto ronda el 84 % a la hora de decir el dedo correcto.

En la actualidad Nathan puede sentir la presión y distinguir su intensidad durante los experimentos, pero todavía no puede identificar si una sustancia está caliente o fría. El doctor Robert Gaunt, que dirige el equipo, explica que su intención es que la gente pueda volver a usar capacidades naturales del cerebro, que por algún motivo se habían perdido, pero no olvidado. “El objetivo final es crear un sistema que se mueva y sienta como lo haría un brazo natural”, señala Gaunt, que concluye: “Tenemos un largo camino por recorrer para lograrlo, pero esto es un gran comienzo”.

(Fuente: SINC)