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Margaret Thatcher levantó, como pocos políticos en la historia del Reino Unido, las pasiones más encontradas, desde la admiración absoluta hasta un rechazo que rozaba en muchos casos el rencor y el odio.

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Para bien o para mal, Thatcher pasará a la historia como una primera ministra conservadora fundamental que transformó y dividió al país en los casi once años que estuvo en el Gobierno y fue la primera mujer del Reino Unido en llegar al cargo más alto del poder.

Nació el 13 de octubre de 1925, como la hija de un tendero del centro de Inglaterra y murió en 2013 de forma discreta y pacífica en una habitación del Ritz de Londres, víctima de un derrame cerebral que ponía punto final a 10 años de mala salud, decenios de polémica política y 87 años de vida y de historia.

Con gran capacidad para el estudio, Thatcher ingresó en un colegio secundario público de carácter selectivo y consiguió entrar en la Universidad de Oxford, donde estudió Química, pero pronto se daría cuenta de que su pasión era la política, por lo que estudió Derecho y se graduó como abogada en 1954.

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El paso más importante lo daría en 1959 cuando fue elegida diputada. De ahí vino el crecimiento de su carrera política, que tuvo un pequeño tropiezo en 1974, pero que a pesar de todo y para sorpresa de muchos, salió victoriosa. Desde entonces, su carrera al 10 de Downing Street fue meteórica al ganar los comicios de 1979 en momentos en que el Partido Laborista estaba debilitado y el país parecía paralizado por las huelgas y la crisis económica.

Su llegada al poder supuso una completa transformación del Reino Unido. Con tesón y estilo agresivo a la hora de negociar, Thatcher se atrevió con todo, desde la casi destrucción de los sindicatos, el enfrentamiento con el IRA, la defensa de los intereses británicos frente a Europa, sus críticas a la desaparecida Unión Soviética y a un conflicto armado en 1982, cuando envió tropas al Atlántico Sur para defender las islas Malvinas de la ocupación argentina.

La fuerte voluntad y la determinación de Thatcher le valieron el sobrenombre de la “Dama de Hierro”, apodada así en su día por los medios soviéticos por su férrea oposición al comunismo.

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Pero el declive de Thatcher llegó a finales de los 80 con su impopular “poll-tax”, un impuesto municipal cuyo impago se castigaba con la negación del derecho al voto, además de su continua intransigencia sobre la integración europea.

Su caída por el controvertido impuesto no vino de la mano del votante, sino de su propio partido, que el 22 de noviembre de 1990 la castigó con una revuelta interna por su implacable determinación, la misma que la llevó al poder.