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Hasta los pasados Juegos Olímpicos de Río 2016, la Ciudad de México había sido la única ciudad de Latinoamérica que había recibido una justa olímpica.

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Hace cinco décadas, el 12 de octubre de 1968, la capital del país recibió a cinco mil 516 deportistas de 112 países en la primera edición olímpica en un país hispanohablante y en una nación en vías de desarrollo.

Solo diez días antes sucedió la masacre estudiantil en la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco. El país vivió un clima de tensión e incertidumbre debido a ello y por un momento, se temió por la celebración de los juegos, pero con todas las miradas del mundo puestas en México se decidió seguir adelante con el evento deportivo que marcó un antes y un después en muchos aspectos del movimiento olímpico.

En México 68, se rompieron 76 plusmarcas olímpicas y treinta mundiales, entre ellas, el registro de menos 10 segundos en los 100 metros planos, además de otros momentos históricos como el saludo del poder negro durante la ceremonia de premiación de los 200 metros de Tommie Smith y John Carlos, Estados Unidos fue el contingente olímpico más exitoso al obtener 107 medallas e, individualmente, los gimnastas Věra Čáslavská y Mijaíl Voronin fueron los atletas más condecorados.

Asimismo, se comenzaron a aplicar los controles antidopaje y fue la primera ocasión en la que los competidores fueron sometidos a pruebas para detectar el consumo de substancias prohibidas.

De las 18 ediciones de Juegos Olímpicos anteriores, solamente hombres habían sido los encargados de encender el pebetero, el momento más esperado de todas las inauguraciones, pero eso cambió en México 1968, cuando en el Estadio Olímpico la joven corredora mexicana Enriqueta Basilio fue la primera mujer que encendió el pebetero de la historia olímpica.

Los juegos de México también marcaron precedente en el uso de innovaciones tecnológicas hasta el punto que fueron las primeras que se transmitieron por televisión vía satélite a todo el mundo.

Mucho más que una justa deportiva, también se elaboró un ambicioso proyecto para realizar un Programa Cultural con varios eventos a lo largo del año olímpico, siendo lo más emblemático la Ruta de la Amistad, un corredor escultórico ideado por Mathias Goeritz, conformada por 17 kilómetros con 19 esculturas elaboradas por artistas de los cinco continentes y separadas entre sí por distancias de kilómetro y medio, además de otras tres ubicadas en el Estadio Azteca, el Estadio Olímpico Universitario y el Palacio de los Deportes.

Finalmente, hasta hoy, el diseño del logo, iconos y memorabilia vinculados a México 1968 son considerados como unas de las principales propuestas visuales del diseño gráfico, que estuvo a cargo del estadounidense Lance Wayman, quien creó un sistema gráfico inspirado en las líneas y colores que por siglos han acompañado a los pueblos indígenas.

El resultado no sólo transmitía las tradiciones mexicanas, sino también un sentido de modernidad y movimiento que buscaba reafirmar la identidad de México en el extranjero y quitar esa imagen de sombreros y sarapes.