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Todos recordamos al actor Christopher Reeve por ser uno de los hombres, quizá el más destacado, que dio vida al personaje más famoso de los cómics y de todo Estados Unidos: Superman.

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Reeve estudió en la Princeton Day School, donde ejercía de ayudante del director de la orquesta del instituto, además de cantar en un coro local, en el que moderó su buena voz de barítono, y de trabajar, regularmente desde la adolescencia como actor.

Prosiguió su formación artística en la Universidad de Cornell, en la que antes de graduarse, en 1974, fue uno de los dos actores seleccionados para estudiar arte dramático en la Juilliard School de Nueva York con el renombrado John Houseman.

Mientras tanto, consiguió pequeños papeles en algunas películas, pero fue hasta 1978 cuando fue elegido para ser Clark Kent en la película Superman, de Richard Donner. Reeve era deportista nato, excelente nadador, aficionado al hockey sobre hielo y la equitación y piloto licenciado, su físico, con 1.93 metros de estatura y una apariencia de chico lozano y bonachón, le hacían el actor perfecto para encarnar al héroe del cómic.

Después de una saga de tres películas, Reeve siguió con su carrera actoral, aunque no se podía quitar de encima el personaje. Se afanaba en demostrar una y otra vez su talento sin conseguirlo. De hecho, se ha llegado a afirmar que se “consoló” de ese supuesto disgusto en la televisión, medio en el que desarrolló una inmensa actividad hasta el final de su vida.

Luego de quedar fascinados al ver a este hombre como Superman volando por las calles de Metrópolis, fue un gran impacto el saber de su accidente en mayo de 1995. En aquel entonces, Christopher participaba en un concurso de equitación en Virginia cuando al intentar librar un obstáculo, cayó de su caballo lo que le provocó fracturas en la vértebra que lo dejaron cuadrapléjico.

Los nueve años que siguieron tras este accidente fueron difíciles, aunque no se ocultó de los medios, y gracias al apoyo y amor incondicional de su esposa, él se sobrepuso y no dejó que su autoestima cayera, siguió trabajando y continuó su labor de activista social, entre ellas, abogó para intentar que se permitiera trabajar con células madre embrionarias a los investigadores para intentar conseguir el mayor deseo de Reeve: volver a caminar.

También escribió su biografía, cuya transcripción a disco le valió el Grammy al mejor álbum hablado de 1999. Tuvo un regreso en una nueva versión de La Ventana Indiscreta, lo que reflejaba su extraordinario afán de superación, pero el 10 de octubre de 2004 falleció a consecuencia de un ataque cardíaco en un hospital de Nueva York, a los 52 años de edad.

Muchos fans aseguraron que el accidente que sufrió Reeve fue provocado por lo que llamaron “The Superman curse” (La maldición de Superman) y es que anteriormente otros personaje que habían interpretado al hombre de Kriptón en cintas pasadas, corrieron también con episodios de mala fortuna en su carrera.