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Como si fuera el título de una canción de Selena Quintanilla, una pareja vivió un amor prohibido durante la década de los treinta y como era de esperarse, los enamorados decidieron construir su “nido de amor”. El problema es que los amantes tuvieron que ocultar su romance debido a su condición de homosexuales.

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El caso del arquitecto canadiense Christopher Tunnard, quien diseñó una fantástica mansión en el centro de Reino Unido para vivir con su novio Gerald Schlesinger y evitar que lo enviaran a prisión por su condición de homosexual, se hizo conocido luego de que en septiembre pasado la construcción se convirtiera en un ejemplo de arquitectura gay.

Alisson Oram, profesora de la Universidad de Leeds Beckett, explicó que la casa supuestamente tenía dos habitaciones con sus respectivos baños y camas, pero Tunnard puso dos divisiones que se podían retirar, convirtiéndose en un solo cuarto principal.

Hasta 1967, las prácticas homosexuales consentidas entre adultos eran un delito en Reino Unido y como tal, no solo implicaban el riesgo de enfrentarse a una posible condena, sino también al rechazo de toda la sociedad. De ahí que Tunnard decidiera construir un lugar donde pudieran conservar su secreto.

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La intención queda clara en los diseños: cada vez que hubiera visitas en la casa, se ponían las divisiones dentro del cuarto y quedaban como dos piezas independientes, así nadie sospecharía del idilio amoroso.

Poco se sabe de la historia de la pareja, solo que Tunnard dejó de vivir en su mansión en 1938, después de vivir en ella dos años con Schlesinger. Después se mudó a Estados Unidos para convertirse en profesor de la Universidad de Yale. En 1945, tras servir en el ejército canadiense durante la II Guerra Mundial, se casó con Lydia Evans y tuvo un hijo.

Con el paso de los años, la casa se convirtió en un símbolo de la lucha por los derechos de la comunidad LGBT y fue catalogada como vivienda protegida, según el sistema de protección de patrimonio inglés, cuyo precio ronda los 12 millones de dólares.

La historia vivió escondida por varios años, hasta que en la década del setenta, el guitarrista de Roxy Music y productor musical, Phil Manzanera, construyó un estudio en uno de los cuartos de la mansión.