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Inhóspitos y desolados, así son los Valles Secos de McMurdo, una enorme región de cuatro mil 800 kilómetros cuadrados situada en la Antártida, donde hace un par de millones de años, alguna vez llovió.

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Sus características geológicas y meteorológicas lo convierten en la mayor zona desprovista de hielo del hemisferio; de hecho, es el lugar de nuestro planeta más similar a Marte, con estériles suelos de grava esparcida y con algún fenómeno especialmente llamativo como las famosas Cataratas de Sangre, originadas por un flujo de óxido de hierro situado en la lengua del glaciar Taylor.

En cuanto al clima, se ha demostrado que los Valles secos no han recibido precipitación alguna en los últimos dos millones de años. El causante: los llamados vientos catabáticos que se originan cuando el aire frío es arrastrado pendiente abajo por la sola fuerza de la gravedad.

Estos vientos, que alcanzan velocidades de hasta 320 km/h, producen a su paso la evaporación de todo tipo de humedad, agua, hielo y nieve. En cualquier caso, los lagos están permanentemente congelados con capas de hielo de varios metros de espesor y agua extremadamente salada bajo las mismas, que según científicos, contendrían datos sobre cómo surgió la vida en nuestro planeta y en qué circunstancias podría desarrollarse ésta en los universos del espacio exterior.