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Uno de los asentamientos más antiguos en Baja California Sur y en toda la península es Loreto, que nos conduce a un México de colonia y leyendas, donde podemos deambular a través de sus calles o explorar zonas de la periferia y visitar cuevas adornadas con pinturas rupestres prehistóricas o admirar el Mar de Cortés.

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La fundación de Loreto está íntimamente ligada con la fundación de la Misión de Nuestra Señora de Loreto, desde donde se expandió el sistema misional para evangelizar el resto de la península, conformando el corredor turístico que hoy se le conoce como “Camino Real”.

Fue fundada por misioneros jesuitas encabezados por Juan María de Salvatierra, en el territorio monguí, en la región que los indígenas llamaban Conchó, el día 25 de octubre de 1697.

Durante los siglos XVIII y XIX, el templo experimentó numerosas remodelaciones y actualmente conserva una sobria fachada de piedra estilo barroco, con algunas pilastras sobre las cuales descansa un friso que reza la leyenda: “Cabeza y Madre de las Misiones de Baja y Alta California”. Encabezando fachada, en un pedestal, se encuentra la imagen de Nuestra Señora de Loreto acompañada de la fecha de fundación de la misión.

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En su interior, el recinto aún conserva un sencillo retablo acompañado de algunos cuadros con imágenes alusivas a la orden jesuita. Entre otras reliquias, se encuentran numerosos objetos utilizados durante los ritos católicos, cuadros al óleo, un retablo principal estilo barroco churrigueresco, y la imagen original de la virgen de Nuestra Señora de Loreto.

Otras misiones que se pueden visitar en Loreto son la Misión de Santa Rosalía de Mulegé, considerada “la joya de las misiones de Baja California” debido a su imponente arquitectura y perfecto estado de conservación; la misión de San Francisco Javier de Viggé Biaundó; y la Misión de San Ignacio de Kadakaamán, que se erigió como la más elegante de todas las de la región.