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Artista de las más diversas facetas expresivas, el Dr. Atl fue un investigador de la naturaleza, considerado como el ideólogo del movimiento muralista, en el cual impuso un estilo que influyó a los grandes como Diego Rivera, David Alfaro Siqueiros, José Clemente Orozco, José Chávez Morado, entre muchos otros. 

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Nacido bajo el nombre de Gerardo Murillo, el 3 de octubre de 1875 en Guadalajara, Jalisco, el Dr. Atl fue un hombre polémico, que además de su labor como paisajista, escribió numerosos libros que contenían cuentos controversiales en su tiempo por su temática y en tratamiento.

Gerardo Murillo estudió pintura con Felipe Castro en su natal Guadalajara. Tiempo después se trasladó a la capital del país, donde ingresó a la Escuela de Bellas Artes al mismo tiempo que cursaba la preparatoria. En 1902, el escritor Leopoldo Lugones lo bautiza como el Dr. Atl, que en náhuatl significa agua. Por su destacado desempeño, Porfirio Díaz le otorgó una pensión para que pudiera estudiar pintura en Europa.

A su regreso a México trajo consigo un gran entusiasmo por la pintura renacentista, el neoimpresionismo y el fauvismo. Comenzó a impartir clases en la Academia de San Carlos de la Ciudad de México, donde tuvo como alumnos a Diego Rivera, David Alfaro Siqueiros y José Clemente Orozco.

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Posteriormente, Murillo viaja nuevamente a París donde funda el diario Action d´Art, donde da a conocer la visión social de los hechos que ocurrían en México.

En 1911 se traslada a Italia, donde se dedica a estudiar vulcanología, lo que lo llevaría a registrar día a día el fenómeno del nacimiento del volcán Paricutín.

Infatigable, recorrió la geografía mexicana; escaló el Popocatépetl y el Iztaccíhuatl y puso su visión artística en las montañas y árboles iniciando lo que hoy llamamos “aeropaisaje”; creó la técnica a la que llamó “Atl-color” que consistía en tintes secos o a la resina para imprimir en papel, tela o roca.

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Al mismo tiempo, su pasión por la literatura lo llevó a publicar el libro “Cuentos de todos los colores”, con temas de la Revolución, lo que lo coloca como uno de los mejores narradores de esa etapa histórica donde el tema recurrente es la justicia.

Este polémico y productivo artista murió en 1964 de un paro cardiorrespiratorio. No se sabe si se debe a que respiró y absorbió durante meses las fumarolas del Paricutín, lo que le ocasionó intoxicaciones graves, trastornos nerviosos y accidentes físicos. Sus restos están depositados en la Rotonda de las Personas Ilustres del Panteón Civil de Dolores.