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Serios, casi enojados. Con prendas y vestidos sofisticados que marcarán las próximas tendencias, arriba de las pasarelas, hombres y mujeres modelos no sonríen. 

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Ni el hecho de que vistan la ropa más sofisticada y cara del planeta hace que sus rostros esbocen una sonrisa impactante, más bien, lo contrario; muestran un tedio infinito.

La pregunta que todos nos hacemos es: si tienen todas estas ventajas y viven en el glamour, ¿por qué los modelos nunca se ven felices? Especialistas en moda y los mismos protagonistas de las pasarelas dan respuesta.

Según la modelo Ty Ogunkoya, sonreír no es tarea sencilla, además de que nunca ha tenido que recurrir a ello. De hecho, para ser inexpresiva, piensa en algo triste.

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Por su parte, Victoire Macon Dauxerre, exmodelo para Celine y Alexander McQueen, explica que en realidad, la gente tiene que centrar su atención en las prendas y no en las modelos. En sus inicios, su jefa en la agencia de modelos le enseñó a tener un aspecto seductor, bajando ligeramente la quijada y levantando la mirada al mismo tiempo.

Pero los hombres no se quedan atrás y el exitoso modelo Matthieu Villot dice que la razón de la prohibición de sonreír es muy clara, pues se trata de mostrar la ropa y no sus caras. “Si sonreímos, la atención se focaliza en nuestros rostros y no en la ropa”.

Sin embargo, según la historiadora de la moda Lydia Kamitsis, no siempre fue así. La moda de rostros inexpresivos es en realidad relativamente reciente. Data del auge de marcas como Yohji Yamamoto o Comme des Garcons, a principios de los años ochenta.

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Fue también la época de las supermodelos como Cindy Crawford, Iman y Elle Macpherson que tenían cada cual su personalidad y surgió como reacción a ellas. En los años sesenta, cuando se presentaron las primeras colecciones, las modelos a menudo sonreían, reían e incluso bailaban en la pasarela.

Los diseñadores contemporáneos tienen una visión mucho más minimalista que antes. Quieren los rostros y cuerpos lo más neutros posibles para mostrar su trabajo en las pasarelas.