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Con casi siete décadas de operación, el antiguo Palacio Jai Alai de Tijuana es uno de los pocos inmuebles que le dan sentido de historia e identidad a la ciudad, pero no está considerado oficialmente como patrimonio histórico.

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Localizado en la emblemática avenida Revolución, el edificio fue sede durante más de 50 años del frontón, “el deporte más rápido del mundo”, donde participaban los mejores pelotaris del orbe y al que asistían infinidad de personalidades internacionales del deporte y los espectáculos.

Su estilo morisco destaca en una de las avenidas más famosas y transitadas del mundo. Desde cualquier perspectiva resalta la edificación pintada de blanco y crema, que se complementa con la estatua de un pelotari en posición de juego sobre un globo terráqueo, obra del escultor Eduardo Corella.

La construcción del Jai Alai comenzó en 1928. Para su estructura se utilizó el mismo cemento con el que se hizo la presa “Abelardo L. Rodríguez”, ya que en ese tiempo no había cementeras en Baja California y aprovechando las circunstancias para ambos proyectos, el material se importó de Holanda.

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Durante la etapa de construcción, el inmueble tuvo que sortear distintos sucesos que le impidieron su inauguración y apertura al público.

El entonces presidente de México, Lázaro Cárdenas, había decretado la prohibición de los juegos de azar y esto complicó el papeleo para los permisos y que todo pudiera funcionar de acuerdo con lo establecido.

Fue hasta el 28 de mayo de 1947 cuando finalmente se inauguró el Jai Alai, convirtiéndose en algo novedoso que atraía a mucha gente, especialmente extranjeros.

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Después de una temporada de mucho auge en el frontón, el edificio experimentó varios cambios en su estructura, y posteriormente vino una etapa de “altas y bajas”, debido al poco impulso del deporte en el país.

En 1998 el Frontón Palacio Jai Alai cerró sus puertas, atrás quedaron las apuestas y los juegos de pelota para dar inicio a un centro cultural en donde los eventos juegan ahora un papel importante para darle vida a un edificio que por más de siete décadas ha permanecido como referencia para los tijuanenses.