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La Casa del Conde del Valle de Súchil es con toda seguridad una de las casas más esplendida del norte de México, debido a su fachada y su belleza interior.

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Fue construido a partir de 1760 por don José Carlos de Agüero, gobernador de la Nueva Vizcaya, para servirle de morada. Después, perteneció al conde del Valle de Súchil, don José del Campo Soberón y Larrea.

Fue el arquitecto Pedro de Huertos el autor del proyecto, quien se inspiró en el palacio del Santo Oficio de la Ciudad de México.

A simple vista destaca su extraordinaria portada barroca, cuyo nivel superior exhibe gran riqueza ornamental, aportada por su estupenda ventana mixtilínea rematada por la imagen de San José con el Niño Dios contenida en un nicho; la acompañan pares de columnas estípites y diversos elementos ornamentales en relieve.

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Al entrar un arco volado dejará impresionado a los visitantes, para seguir a uno de los patios más elegantes y sorprendentes del país delimitado por una arquería ornamentada igualmente con estrías zigzagueantes que le dan un tremendo dinamismo, junto con las columnas que la sostienen.

En el segundo nivel el diseño es menos ostentoso, ahí sobresalen las columnas dóricas estriadas y el friso con diversas figuras geométricas.

Esta auténtica joya arquitectónica engalana la imagen urbana de Durango desde hace más de 200 años. Es quizá la construcción civil novohispana más espléndida e importante del norte del país.

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En el siglo XIX pasó a manos de Maximiliano Damm, cuya familia lo conservó intacto de 1858 a 1928; tiempo después fue adquirido y restaurado por Banamex para convertirlo en Casa de Cultura que incluye un museo.