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Construido sobre la barranca del mismo nombre, que viene del náhuatl “cajete de piedra”, el Parque de los Tecajetes, en Xalapa, se distingue por su conjunto de juegos infantiles y planificada belleza.

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Originalmente cubrían el lugar arenales que iban desde la actual avenida Ávila Camacho hasta lo que hoy es el Hotel Misión Xalapa. Más tarde, un chino cultivó un huerto que aprovechaba las aguas de un manantial denominado Chorro Poblano. Durante mucho tiempo los xalapeños acudían a comprarle sus verduras. Después de su próspera estancia, el dueño de las hortalizas regresó a su tierra, quedando los sembradíos abandonados.

Aprovechando la hondonada que de manera natural tiene el sitio, en forma de tecajete, las autoridades construyeron un parque zoológico que durante algún tiempo funcionó y que ya no existe. Después se reconstruyó mediante la instalación de fuentes, arriates, juegos infantiles, una pista de patinaje y áreas para la práctica de ejercicios, tal como hoy lo conocemos.

Pero detrás de esta belleza, el parque tiene su historia, porque las leyendas aseguran que ahí se aparecía el Diablo y al anochecer el ambiente se vuelve pesado, y las cosas del mal aprovechan la oscuridad para hacerse presentes.

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Se cuenta que en una época, la compañera del cuidador del predio tuvo varios encuentros con el Diablo, y éste aprovechaba el tiempo que su marido salía atender las cuestiones de trabajo para perturbarla, causándole enfermedad. Por fortuna, salió de ahí a tiempo, porque aseguran que estuvo cercana a la muerte como tantos otros que no resisten un acercamiento con esta demoníaca criatura.

Algunas personas dicen que ahí ya no se aparece el Diablo, pero otros dicen lo contrario, por eso el parque cierra a las seis, antes de que la oscuridad llegue.