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El intento de asesinato del presidente de Estados Unidos, Ronald Regan, el 30 de marzo de 1981, fue uno de los momentos más dramáticos de la historia de la segunda mitad del siglo XX.

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Era una tarde lluviosa cuando el presidente Reagan, su secretario de prensa, James Brady, y sus agentes de seguridad salían de una conferencia con sindicalistas en Washington. Mientras el mandatario saludaba a la gente que se había congregado a las afueras del hotel Hilton, un hombre oculto entre los periodistas, de nombre John Hinckley Jr, disparó a la comitiva.

Hinckley disparó un revólver seis veces en tres segundos. La primera bala alcanzó en la cabeza al secretario de Prensa de la Casa Blanca, James Brady. La segunda le dio en la espalda al oficial de policía del Distrito de Columbia, Thomas Delahanty. La tercera bala sobrepasó al presidente y golpeó la ventana del edificio de enfrente. La cuarta bala le dio en el abdomen al agente del Servicio Secreto Timothy McCarthy. La quinta golpeó el cristal resistente a las balas de la ventana de la puerta abierta de la limusina del presidente. La sexta y última bala rebotó en la limusina e impactó al presidente en la axila izquierda, golpeando una costilla y alojándose en el pulmón, deteniéndose a unos 2.5 cm. del corazón.

Las imágenes de ese día muestran cómo un sonriente Ronald Reagan contiene el dolor provocado por la bala que impactó en su pecho. Un poco aturdido fue empujado por los agentes del Servicio Secreto a su limusina para ser conducido al hospital. Brady yacía en el piso con una herida de bala en la cabeza al igual que uno de los agentes de seguridad.

La confusión se apoderó de policías y periodistas que estaban en las inmediaciones del hotel. Agentes del Servicio Secreto doblegaron al agresor, en Washington aún reinaba el caos y las informaciones eran contradictorias. Algunos testigos aseguraban que Reagan no estaba herido o que ni siquiera había estado en el lugar.

Momentos después del tiroteo, Reagan fue llevado al hospital de la Universidad George Washington, donde se le hizo un chequeo minucioso antes de entrar a quirófano y ser operado por el equipo dirigido por el Dr. Joseph Giordano. La intervención duró casi tres horas y Reagan salió del hospital después de trece días.

La motivación detrás del ataque de Hinckley surgió de una obsesión con la actriz Jodie Foster. Mientras vivía en Hollywood, a finales de la década de setenta, vio la película “Taxi Driver” por lo menos quince veces, pues al parecer se identificaba fuertemente con Travis Bickle, el personaje principal, quien intenta asesinar a un senador de los Estados Unidos que se está postulando para presidente. Convencido de que al ser una figura nacional, Foster lo vería como a un igual, Hinckley comenzó a acechar al entonces presidente Jimmy Carter, hasta aquel 30 de marzo de 1981.

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Calificado como un joven tranquilo, deportista, sin antecedes penales ni judiciales, Hinckley fue declarado no culpable y recluido en un hospital psiquiátrico debido a sus tendencias obsesivas. En la actualidad tiene 61 años y las autoridades no creen que pueda reinsertarse en la sociedad, pues no solo ha espiado a sus compañeros sino que ha escrito cartas a asesinos como Charles Manson.